Una mochila de supervivencia de 72 horas es un petate ya hecho y siempre listo que te permite salir de casa en menos de un minuto y aguantar tres días fuera sin depender de tiendas, cajeros ni suministro eléctrico. Para un adulto medio se resuelve con 30 a 45 litros y un peso cargado que no pase del 20 % de tu peso corporal. Por encima de eso deja de ser equipaje de evacuación y se convierte en un lastre que no vas a poder llevar andando. No es una mochila de montaña con otro nombre ni un kit de aspecto militar: es equipaje doméstico de emergencia, y se elige con criterios de carga, no de estética.
Esta guía no compara modelos concretos ni te da una tabla de precios: te da el método para que salgas de la tienda con la mochila que tú necesitas. Verás cómo se dimensiona en litros y en kilos, qué mirar en materiales y costuras, por qué la impermeabilidad de catálogo casi nunca es impermeabilidad real, qué va dentro bloque por bloque, qué no meter aunque te lo vendan, cómo se revisa cada seis meses y cómo se adapta todo esto a un niño o a un mayor dependiente.
Sobre las fuentes de esta guía. Las recomendaciones de referencia en España son las de la Dirección General de Protección Civil y Emergencias y las de los servicios de emergencia autonómicos que operan el 112. Consúltalas en sus páginas oficiales antes de dar nada por bueno, porque se actualizan. En esta guía no encontrarás resultados de pruebas de campo propias, ensayos de laboratorio ni notas de producto: no los hemos hecho, y preferimos decírtelo a inventarlos.
Qué es una mochila de 72 horas y qué no es
El nombre viene de una idea sencilla de planificación de emergencias: las primeras 72 horas de cualquier incidente grave son las que tardan los servicios de asistencia en llegar a todo el mundo, restablecer suministros o montar un punto de acogida. Durante ese intervalo lo razonable es asumir que tienes que resolverte tú. La mochila de 72 horas es la respuesta material a ese planteamiento, y la Comisión Europea lo recogió en 2025 dentro de su estrategia de preparación, recomendando a los hogares que puedan sostenerse solos durante ese tiempo. Comprueba la redacción vigente antes de citarla, pero la idea de fondo lleva décadas en los manuales de protección civil de media Europa.
Conviene separarla de tres cosas con las que se confunde:
- No es una mochila de montaña. Se parece mucho en el arnés y en el volumen, pero la de montaña se prepara para una ruta conocida y se vacía al volver. Esta se prepara una vez y se queda hecha durante meses junto a la puerta.
- No es un kit militar. El aspecto táctico, el cordura con velcros y los parches no aportan nada a una evacuación urbana y sí añaden peso muerto. Además te hacen visible de una forma que no te interesa cuando lo que quieres es pasar desapercibido en un pabellón municipal.
- No es tu reserva de casa. El agua embotellada, la comida y las pilas que tengas guardadas son otra capa distinta, más grande y que no se mueve. La mochila es la parte que sale contigo por la puerta.
La mochila que te sirve no es la que más cabe: es la que puedes llevar puesta tres horas andando y seguir pensando con claridad al final.
La prueba del minuto
Hay una comprobación que resuelve la mayor parte de las dudas de diseño. Imagina que suena un aviso a las tres de la madrugada y tienes sesenta segundos para salir. ¿Sabes dónde está la mochila sin encender la luz? ¿Puedes cogerla con una mano mientras con la otra llevas a un niño? ¿Está lo bastante ligera como para bajar seis pisos por la escalera con ella? Si alguna de las tres respuestas es no, el problema no es la marca de la mochila: es cómo la has montado y dónde la guardas.
Por eso el sitio de la mochila importa tanto como la mochila. Junto a la puerta de salida, no en el trastero ni en lo alto del armario. Y si tenéis coche, una segunda bolsa más pequeña en el maletero cubre el escenario de que el aviso te pille fuera de casa. Si quieres profundizar en la lógica de la bolsa de evacuación, la desarrollamos en la guía de bug out bag y mochila de evacuación.
Para qué escenario real en España te estás preparando
Aquí es donde mucha gente se equivoca de película. La mochila de 72 horas en España no se prepara para un colapso civilizatorio: se prepara para cuatro situaciones concretas que ocurren y que han ocurrido. Si montas el equipo pensando en esas cuatro, aciertas; si lo montas pensando en un vídeo de internet, acabas con un machete y sin la medicación de tu madre.
Corte de luz prolongado
El apagón que afectó a la península ibérica el 28 de abril de 2025 dejó una lección que no se olvida: lo primero que se cae no es la luz, es todo lo que cuelga de ella. Los datáfonos dejan de cobrar, los cajeros no dispensan, las gasolineras no bombean, los ascensores se quedan quietos con gente dentro, el agua deja de subir a los pisos altos en cuanto se vacía el depósito del edificio y la cobertura móvil se degrada según se agotan las baterías de las antenas. La radio a pilas siguió funcionando; casi nada más lo hizo.
En este escenario, además, lo habitual no es evacuar: es quedarse en casa a oscuras. Por eso la mochila de 72 horas tiene una función doble. Si no sales, la abres en el pasillo y tienes la linterna, la radio, el agua y la comida fría sin tener que ponerte a rebuscar por los cajones con el móvil de linterna gastando la batería que vas a necesitar mañana.
Un apagón general no se nota por la oscuridad. Se nota cuando el datáfono del supermercado deja de funcionar y el cajero de al lado tampoco.
Evacuación por incendio forestal
En la interfaz urbano-forestal —urbanizaciones, chalés y núcleos rodeados de monte— la evacuación por incendio es rápida y se ordena con poco margen. Aquí la mochila tiene que estar hecha de antes, porque el tiempo entre el aviso y la salida se mide en minutos y porque el humo entra en casa antes que el fuego. Lo que cambia respecto al apagón es el tipo de protección: aquí quieres ropa de manga larga de fibra natural, calzado cerrado, una mascarilla de partículas y gafas, y el depósito del coche por encima de la mitad durante toda la campaña de riesgo. El protocolo lo desarrollamos en cómo actuar ante una emergencia por incendio forestal.
Inundación, DANA y crecida
La DANA de octubre de 2024 en la Comunidad Valenciana mostró la característica más dura de este escenario: la subida puede ser tan rápida que no da tiempo a recoger nada, y lo que se pierde no es solo material, también la documentación y la medicación. Aquí el criterio de diseño es la estanqueidad. Si vives en planta baja, en garaje o en una zona con cauce cercano, todo lo que no puede mojarse va en bolsas estancas dentro de la mochila, y la mochila no vive en el suelo del garaje: vive arriba.
Y una regla que repiten todos los servicios de emergencia porque sigue costando vidas: no se cruza un cauce con agua corriendo, ni andando ni en coche. Tampoco a treinta centímetros. Si el agua sube, la dirección es hacia arriba, no hacia la puerta.
Aviso de Protección Civil en el móvil
Desde que el sistema de aviso a población está desplegado en España, puede sonar en tu teléfono una alerta con un tono estridente que no puedes silenciar previamente y un mensaje de las autoridades con la instrucción concreta: confinarse, evacuar, evitar una carretera. Es el disparador más probable de que uses la mochila. Dos cosas que conviene saber de antemano: el mensaje dice lo que hay que hacer, así que hazlo sin negociarlo; y el aviso no sustituye a la información oficial posterior, que llega por la radio y por los canales del 112 de tu comunidad.
Anota los avisos meteorológicos en la misma lógica. Los niveles de aviso de AEMET —amarillo, naranja y rojo— son la antesala de buena parte de estos episodios, y el naranja ya es motivo suficiente para dejar la mochila a la vista y el coche repostado.
Cómo se dimensiona: litros, kilos y reparto de carga
El dimensionado es la decisión que más se equivoca, y casi siempre por exceso. Se compra grande «por si acaso», se llena porque el hueco existe y el resultado es una mochila de catorce kilos que nadie de la casa puede llevar más de veinte minutos.
Litros por persona y por días
Para tres días, un adulto se mueve bien entre 30 y 45 litros. Por debajo de 25 no entra el abrigo, que es lo que más volumen ocupa. Por encima de 50 estás comprando espacio que vas a rellenar con cosas prescindibles. La familia no multiplica: si sois cuatro, no necesitáis cuatro mochilas de 45 litros, necesitáis dos adultas de 35-45 repartiéndose el material común y dos infantiles pequeñas con lo propio de cada niño.
| Perfil | Litros orientativos | Peso cargado | Qué carga |
|---|---|---|---|
| Adulto con buena forma física | 35-45 L | Hasta el 20-25 % del peso corporal | Su equipo más parte del común: agua, botiquín, radio |
| Adulto sedentario o con lesión previa | 25-35 L | 10-15 % del peso corporal | Su equipo. Mejor dos mochilas ligeras que una pesada |
| Adolescente | 20-30 L | 10-15 % de su peso | Su ropa, su comida, su linterna y su agua |
| Niño de 6 a 10 años | 10-15 L | Por debajo del 10 % de su peso | Ropa de recambio, manta, botella pequeña, objeto que le calme |
| Mayor dependiente | No lleva mochila | — | Bolsa a su nombre que lleva el acompañante |
El peso máximo razonable
El porcentaje de peso corporal es una orientación útil, pero la comprobación de verdad es física y la puedes hacer un sábado. Cárgala como la llevarías y anda una hora seguida, con el calzado que vas a usar. Si al cabo de esa hora vas cambiándotela de hombro, te duelen las cervicales o has aflojado el cinturón para poder respirar, pesa demasiado. Quita cosas hasta que esa hora te resulte llevadera, porque en una evacuación real no vas a caminar descansado ni con luz, y probablemente lleves a alguien de la mano.
El agua es donde más rápido se dispara la cifra. Un litro de agua pesa un kilo, y tres días de bebida para una persona rondan los seis litros. Nadie carga eso a la espalda. La solución práctica es llevar entre 1,5 y 3 litros encima, un sistema de potabilización que pese poco, y tener el resto en casa como reserva estática.
Reparto de carga dentro de la mochila
Dónde colocas cada cosa cambia la sensación de peso más de lo que parece. El esquema que funciona en marcha con carga es este:
- Abajo, pegado al fondo: lo voluminoso y ligero que no vas a necesitar hasta parar. Saco o manta, ropa de dormir.
- En el centro y pegado a la espalda: lo pesado y denso. Agua, conservas, herramienta. Cuanto más cerca de tu columna y a la altura de los omóplatos, menos te tira hacia atrás.
- Arriba: lo que puedes necesitar en una parada corta. Chaqueta, gorro, guantes, algo de comer.
- Bolsillos exteriores y tapa: lo que tienes que alcanzar sin quitártela. Linterna frontal, documentación, botiquín pequeño, móvil, mapa.
Y una norma que evita disgustos: nada colgando por fuera. Los cacharros atados con mosquetones se enganchan en ramas, puertas y barandillas, hacen ruido y se pierden. Si no cabe dentro, sobra.
Arnés, cinturón lumbar y espalda
Esta es la parte donde el dinero está mejor invertido, y la que más se ignora al comprar por internet. Un cinturón lumbar bien puesto traslada la mayor parte del peso desde los hombros a las caderas, que es donde tu cuerpo lo sostiene sin castigarte. Una mochila sin cinturón, o con una cinta fina que solo sirve para que no bailen, te deja todo el peso colgado de las clavículas.
Qué mirar, en orden:
- Que el cinturón sea ancho, acolchado y caiga sobre la cresta ilíaca, el hueso que notas al poner las manos en la cadera. No sobre la cintura, ni sobre las costillas.
- Que la espalda sea regulable en altura o que la mochila venga en varias tallas de torso. Una mochila que le vale a alguien de 1,85 m no le vale a alguien de 1,60 m por mucho que se aprieten las cintas.
- Que tenga cintas de carga superiores, las dos que van del hombro a la parte alta de la mochila. Tensándolas acercas el peso a la espalda y dejas de sentir que te tira hacia atrás.
- Que lleve cinta de esternón, la que cruza el pecho. Evita que las hombreras se te abran hacia fuera.
- Que las hombreras estén cortadas en curva y no en recto, sobre todo si es una mochila que va a llevar una mujer: los cortes específicos cambian la separación de las hombreras y el ángulo del cinturón.
Si puedes, pruébatela cargada en la tienda con diez kilos dentro. Si compras a distancia, cárgala en casa el mismo día que llegue y decide dentro del plazo de desistimiento, que para eso está.
Materiales, costuras y herrajes: qué mirar antes de pagar
El tejido y el denier
En las fichas técnicas verás cifras como 210D, 420D, 500D o 600D. La D es de denier, una medida de densidad lineal del hilo: los gramos que pesan 9.000 metros de ese hilo. Más denier significa hilo más grueso, y en general más resistencia a la abrasión y más peso. No es una escala de calidad absoluta: un tejido de 210D de buen fabricante con trama ripstop puede aguantar mejor que un 600D barato mal tejido.
Lo que sí puedes usar como criterio:
- Ripstop es un patrón de tejido con hilos de refuerzo formando cuadrícula. Su gracia no es que no se rompa, es que cuando se rompe el desgarro se detiene en el siguiente hilo de refuerzo en lugar de recorrer todo el panel. Para una mochila que va a estar guardada y se va a usar en malas condiciones, interesa.
- Nailon frente a poliéster. El nailon resiste mejor la abrasión y el desgarro; el poliéster aguanta mejor el sol y absorbe menos agua. Para una mochila que vive dentro de casa y sale poco, cualquiera de los dos sirve si está bien construido.
- Los recubrimientos de poliuretano o silicona por la cara interior son los que dan la repelencia al agua. Envejecen: con los años el PU puede hidrolizarse y quedar pegajoso, sobre todo si la mochila se guarda húmeda o en un sitio caliente.
- Cordura es una marca registrada de tejidos, no un material en sí. Que ponga Cordura indica un estándar de fabricación, no una cifra concreta de resistencia.
- Los refuerzos del fondo importan más que el resto del tejido. Es la zona que apoya en el suelo, en el barro y en la grava.
Costuras, remates y herrajes
Las mochilas rara vez se rompen por el tejido. Se rompen por donde el tejido se une a otra cosa. Mira estos cuatro puntos:
- Los anclajes de las hombreras. Deben llevar pespunte de refuerzo en forma de caja con aspa, o presillas cosidas de ida y vuelta varias veces. Si ves una costura recta simple, esa mochila va a fallar ahí.
- Los remates de las cintas. Las cintas de compresión y las asas se desgarran por el punto donde entran en el panel. Los remates en zigzag apretado o los de doble presilla son señal de que el fabricante sabía dónde iba a recibir.
- Las cremalleras. Que los dientes sean gruesos, que los tiradores tengan cordino (los de metal se rompen y luego no puedes abrirla con guantes) y que las cremalleras grandes lleven solapa por encima. Una cremallera de calidad reconocida suele ser mejor inversión que diez litros más de capacidad.
- Las hebillas. Que sean de tamaño generoso y se puedan manejar con las manos frías o con guantes. Las hebillas diminutas de plástico son las que revientan.
Y una comprobación de dos segundos que casi nadie hace: dale la vuelta a la mochila y mira las costuras por dentro. Si los bordes están sin rematar y ya sueltan hilos en la tienda, dentro de dos años esa mochila estará deshilachada.
Impermeabilidad real frente a funda: la diferencia que te van a vender mal
Aquí hay una confusión de vocabulario que el marketing aprovecha. Prácticamente ninguna mochila de mercado es impermeable, por mucho que la etiqueta diga «waterproof». El tejido puede estar recubierto y repeler el agua durante un rato, pero el agua entra por tres sitios que el recubrimiento no cubre: los agujeros de las costuras, los dientes de las cremalleras y la abertura superior.
Impermeable de verdad significa otra cosa: tejido laminado, costuras termoselladas y cierre de enrollar o cremallera estanca. Eso existe, sobre todo en mochilas de kayak y de moto, pesa más, cuesta más y suele tener un solo compartimento grande sin bolsillos, porque cada bolsillo es otra costura por donde entra agua.
Para una mochila de 72 horas, el planteamiento que funciona es de tres capas y no cuesta casi nada:
- La funda exterior de lluvia, esa bolsa elástica que muchas mochilas ya traen en un bolsillo del fondo. Detiene la lluvia directa, que es el 90 % del problema. No detiene nada si dejas la mochila en un charco.
- Una bolsa grande interior, tipo saco de basura resistente o funda estanca, que forra todo el compartimento principal. Es la barrera que de verdad salva la ropa.
- Bolsas estancas pequeñas para lo que no admite mojarse en ningún caso: documentación, dinero, medicación, botiquín, pilas, cargador y ropa seca de recambio. Con bolsas de cierre hermético de congelación te apañas; si puedes, usa estancas de enrollar.
Esta tercera capa es la que marca la diferencia en el escenario de inundación. Si la mochila se moja entera pero dentro tienes la documentación seca y una muda seca, sigues teniendo una mochila útil. Si se moja todo, tienes diez kilos de tela empapada.
La impermeabilidad de una mochila se decide dentro, no fuera. La funda es para la lluvia; las bolsas estancas son para todo lo demás.
Qué va dentro, bloque por bloque
Organizar por bloques y no por lista suelta tiene dos ventajas: revisas más rápido y, sobre todo, ves de un vistazo qué bloque te falta. Un bloque de menos se nota; un objeto de menos dentro de una lista de sesenta, no.
| Bloque | Criterio para 72 horas | Por qué |
|---|---|---|
| Agua | 1,5-3 L encima + sistema de potabilización | Tres días de bebida pesan demasiado para cargarlos |
| Comida | Tres días sin cocción, en raciones individuales | Sin luz ni gas no vas a poder hervir nada |
| Abrigo y refugio | Una muda completa, capa impermeable, manta térmica | La hipotermia llega antes que el hambre, incluso en primavera |
| Botiquín | Cura de heridas, analgesia y tu medicación crónica | Las farmacias pueden estar cerradas o sin acceso |
| Luz | Frontal + linterna de repuesto + pilas | Necesitas las dos manos libres |
| Radio e información | Radio FM/AM de pilas o de manivela | Es lo único que sigue emitiendo en un apagón general |
| Documentación | Copias en papel dentro de bolsa estanca | Un móvil sin batería no te identifica |
| Dinero | Efectivo en billetes pequeños y monedas | Sin luz no hay datáfonos ni cajeros |
| Higiene | Kit mínimo personal y para residuos | En un alojamiento colectivo es lo primero que falta |
| Herramienta | Navaja o multiherramienta, cinta americana, cordino | Reparar es más útil que cortar |
Agua y potabilización
Lleva el agua repartida en dos o tres envases en lugar de en uno solo: si uno revienta, no te quedas sin nada. Una botella rígida de boca ancha vale además para hervir si tienes fuego, para medir y para tratar químicamente.
Para el resto de los tres días necesitas poder tratar agua de una fuente, de un grifo dudoso o de un depósito. Las tres vías domésticas son el filtro de bolsillo, las pastillas potabilizadoras y hervir. El filtro va bien contra bacterias y protozoos, pero conviene leer qué retiene exactamente cada modelo, porque no todos hacen lo mismo. Las pastillas ocupan nada, caducan y hay que respetar el tiempo de contacto que indique el prospecto. Hervir sigue siendo el método de referencia cuando tienes con qué. Desarrollamos el tema en agua potable en emergencias y tienes opciones en la sección de filtros de agua.
Una cosa que no se suele decir: el agua turbia hay que clarificarla antes, dejándola reposar o pasándola por un paño, porque la materia en suspensión reduce la eficacia de los tratamientos químicos.
Comida que no necesita cocción
El criterio es que se abra y se coma. Sin fuego, sin agua caliente y sin nevera. Lo que funciona:
- Conservas con anilla: legumbre cocida, atún, sardinas, maíz, fruta en almíbar. Y un abrelatas manual pequeño, porque las anillas fallan.
- Frutos secos y fruta deshidratada, que dan mucha energía por gramo.
- Barritas de cereales, galletas tipo maría, pan de molde de larga duración o biscotes.
- Sobres de crema de cacahuete, miel o mermelada individuales.
- Si hay bebés: tarritos, leche de fórmula lista para tomar y biberones limpios. Este bloque no se improvisa.
Y una regla que se salta todo el mundo: mete comida que tu familia coma de verdad. Una emergencia no es el momento de descubrir que a tu hijo le da arcadas la sardina en aceite. Tienes más ideas en comida de emergencia.
Abrigo, ropa y refugio
La hipotermia es el riesgo que más se subestima, y no hace falta que haga frío polar: una noche de once grados con ropa mojada y viento basta. Por capas:
- Muda completa en bolsa estanca: calcetines, ropa interior, camiseta térmica o de manga larga.
- Capa intermedia: un forro polar ligero, que abriga mojado y se seca rápido. El algodón hace justo lo contrario, así que descártalo como capa térmica.
- Capa exterior: chubasquero con capucha. Si es de los que se pliegan pequeños, mejor.
- Gorro y guantes finos: ocupan nada y son lo que más rendimiento da por gramo.
- Manta térmica de las de aluminio, y a ser posible dos. Pesan treinta gramos y sirven de aislante del suelo, de reflector de calor y de señal visible.
- Calzado: no va dentro, pero anótalo. Junto a la mochila, unas zapatillas cerradas o botas con calcetines dentro. Evacuar en chanclas es un problema serio.
Botiquín y medicación personal
El botiquín de la mochila no es el de casa. Es el mínimo para tres días, y su parte más importante no son las tiritas: es tu medicación crónica. Si tomas algo a diario, tienen que estar en la mochila varios días de tratamiento, en su envase original con el prospecto, más una copia de la receta electrónica o del informe médico. Revísalo en cada cambio de hora, porque caduca.
El resto, en versión compacta: gasas, esparadrapo, vendas, suero fisiológico en monodosis, antiséptico, tiritas de varios tamaños, guantes de un solo uso, tijeras pequeñas, pinzas, analgésico y antiinflamatorio habituales, antidiarreico y sales de rehidratación. Tienes un desarrollo completo en botiquín de emergencia completo y material en la sección de botiquines.
Esto no es consejo médico. Cualquier duda sobre qué medicación llevar, en qué dosis o cómo sustituir un tratamiento la resuelve tu médico o tu farmacéutico, no una guía de internet.
Luz
Una frontal de cabeza y una linterna de mano de repuesto. La frontal es innegociable porque te deja las dos manos libres, y en una evacuación vas a necesitarlas para llevar a alguien, abrir puertas o sujetarte. Pilas de repuesto en su blíster sin abrir, y mejor si la frontal y la linterna usan el mismo tipo de pila. Puedes ver opciones en la tienda.
Truco de almacenaje: guarda las pilas fuera del aparato o con una de ellas al revés. Así no se descargan por contacto y no te arriesgas a que se sulfaten dentro y te destrocen el portapilas durante los meses que la mochila está quieta.
Radio e información
La radio a pilas o de manivela es el objeto que más gente descarta por anticuado y el que más rendimiento dio en el apagón de 2025. Cuando cae la red eléctrica y las antenas de telefonía empiezan a agotar sus baterías, la emisión en FM y AM sigue llegando. Comprueba que la tuya coge AM además de FM, porque el alcance de la onda media en un apagón regional es mucho mayor.
Junto a la radio, una hoja de papel con las frecuencias de la emisora pública de tu zona y los teléfonos relevantes: 112 para cualquier emergencia, y los números de contacto de tu familia escritos a mano. Parece de otra época hasta el día que tu móvil se apaga y descubres que no te sabes ni un número.
Documentación, dinero y llaves
Copias en papel, en bolsa estanca, y actualizadas: DNI o NIE, tarjeta sanitaria, carné de conducir, póliza del seguro de hogar con el teléfono de siniestros, escritura o contrato de alquiler, cartilla de vacunación de los niños y la documentación de la mascota si la tenéis. Un pendrive con lo mismo escaneado ocupa nada y es un buen complemento, pero nunca la única copia, porque necesita un ordenador con corriente para leerse.
Efectivo en billetes pequeños y monedas, guardado aparte de tu cartera del día a día. La cantidad la decides tú; el criterio es que sirva para comprar en un sitio que no puede cobrar con tarjeta ni dar cambio de un billete grande.
Y un juego de llaves de repuesto de casa y del coche. Si el episodio acaba contigo volviendo a casa a las tres de la mañana, agradecerás no depender del llavero que se quedó en la mesilla.
Higiene y herramienta
Higiene mínima: papel higiénico aplastado sin el rollo de cartón, gel hidroalcohólico, jabón pequeño, toallitas, cepillo y pasta de dientes de viaje, compresas o tampones, pañales y toallitas si hay bebés, y bolsas de basura, que valen para residuos, para impermeabilizar y para un chubasquero de emergencia.
Herramienta, poca y útil: una navaja o multiherramienta con alicates, cinta americana enrollada en un lápiz para no cargar el rollo entero, unos metros de cordino, imperdibles, un silbato (se oye mucho más lejos que un grito y no te deja sin voz) y un rotulador permanente. Encendedor y cerillas en bolsa estanca. Nada de machetes ni hachas: en una evacuación urbana no vas a talar nada y sí vas a llamar la atención.
Qué NO meter en la mochila de 72 horas
Quitar es tan importante como poner, porque cada gramo que sobra se lo estás robando al agua o al abrigo. La lista de lo que se saca casi siempre:
- Armas blancas grandes. Machetes, hachas y cuchillos de gran hoja. No resuelven ninguna necesidad real de una evacuación en España y su tenencia y transporte están regulados. Una navaja normal cubre todo lo que vas a necesitar cortar.
- Comida que hay que cocinar. Arroz, pasta, legumbre seca, sopas de sobre. Sin agua caliente son piedras.
- Latas sin anilla si no llevas abrelatas. Suena obvio y pasa constantemente.
- Ropa de algodón como capa térmica. Mojada, enfría.
- Electrónica de más. Tablets, cámaras, altavoces. Una batería externa cargada y el cable del móvil, y se acabó.
- Duplicados por familia. Cuatro radios, cuatro botiquines completos y cuatro multiherramientas es peso multiplicado por cuatro sin ninguna ventaja. El material común se reparte, no se replica.
- Objetos de valor y recuerdos. Duele, pero la mochila de 72 horas no es la caja fuerte. Lo irremplazable se digitaliza y se guarda fuera de casa.
- Medicación de otra persona. Cada uno lleva la suya, en su envase y con su nombre.
- Cosas que no has probado nunca. El filtro que no sabes montar, el hornillo que no has encendido, el silbato que sigue en su blíster. Si no lo has usado, no cuenta.
La revisión de cada seis meses
Una mochila preparada y nunca revisada es una mochila que te va a fallar, y te va a fallar justo en lo que más importa: la medicación caducada, las pilas sulfatadas y la ropa del niño que ya le queda dos tallas pequeña. El intervalo razonable es de seis meses y el mejor recordatorio es engancharlo a los dos cambios de hora, en marzo y en octubre.
| Elemento | Qué se comprueba | Qué se hace |
|---|---|---|
| Medicación | Fecha de caducidad y dosis actual del tratamiento | Reponer y llevar lo caducado al punto SIGRE de la farmacia |
| Comida | Caducidad, latas abombadas, envases aplastados | Consumir lo próximo a caducar y reponer con lo nuevo |
| Agua | Estado del envase y fecha de la botella | Renovar el agua, revisar caducidad de las pastillas |
| Pilas y baterías | Fugas, óxido, carga de la batería externa | Sustituir pilas, recargar la batería al completo |
| Ropa de los niños | Talla y temporada | Cambiar tallas y adaptar a verano o invierno |
| Documentación | DNI, pasaporte y póliza en vigor | Reimprimir las copias que hayan caducado |
| Efectivo | Que siga ahí y en billetes pequeños | Reponer si se ha usado |
| La mochila | Costuras, cremalleras, hebillas, humedad, olor | Airear, limpiar y reparar antes de que vaya a más |
Si tienes que abrir la mochila para saber qué hay dentro, la revisión de los seis meses no la has hecho.
Aprovecha la revisión para dos cosas más. La primera, pegar por dentro de la tapa una lista del contenido con la fecha de la última revisión escrita a mano. La segunda, repasar el plan familiar en voz alta: dónde nos encontramos si no estamos juntos, a quién llamamos si no hay cobertura en la ciudad pero sí en el pueblo, quién recoge a los niños del colegio. Ese plan vale más que cualquier objeto de la mochila.
La mochila del niño y la del mayor dependiente
La mochila del niño
Un niño no lleva material común, lleva lo suyo, y la mochila cumple una función que no es solo de carga: le da un papel. Un crío que tiene su mochila y sabe qué hay dentro se estresa mucho menos que uno al que arrastran de la mano sin explicarle nada.
- Tamaño entre 10 y 15 litros, por debajo del 10 % de su peso, con cinta de pecho para que no se le abran las hombreras.
- Dentro: muda completa, un forro polar, su manta térmica, una botella pequeña, un par de barritas o galletas que le gusten, y su linterna, a poder ser de las que se recargan con manivela para que no dependa de pilas.
- Un objeto que le calme: un peluche pequeño, un libro fino, unas cartas. No es un capricho, es gestión del miedo.
- En el bolsillo exterior, una tarjeta plastificada con su nombre, el de sus padres, los teléfonos de contacto y sus alergias o tratamientos. Si os separáis, esa tarjeta hace el trabajo.
- Su medicación va en la mochila del adulto, nunca en la suya.
Y enséñale el contenido sin dramatizar. Media hora un domingo, montándola con él, vale por diez explicaciones el día que suene la alerta.
La bolsa del mayor dependiente
Aquí el planteamiento cambia por completo: la persona no carga nada. Se prepara una bolsa a su nombre que lleva quien la acompaña, y el orden de prioridades lo marca la movilidad, no el equipo.
- Medicación de varios días en su envase original, con la lista completa de tratamientos, dosis y horarios escrita en papel, más el informe médico actualizado y la tarjeta sanitaria. Si hay tratamiento que necesite frío, anótalo en la lista para resolverlo rápido al llegar a un punto de acogida.
- Gafas de repuesto, audífono y pilas del audífono. Una persona mayor sin gafas y sin oír en un pabellón lleno de gente está desorientada y aislada.
- Ayudas técnicas: bastón, andador o silla plegable. Esto se decide antes, porque condiciona el vehículo y la ruta. Si la persona no puede bajar escaleras, un corte de luz que deje el ascensor parado ya es una emergencia en sí misma.
- Higiene específica: absorbentes, cambios, crema para la piel, y la cantidad para tres días, que ocupa bastante más de lo que la gente calcula.
- Una muda cómoda y calzado cerrado que se ponga solo, sin cordones.
- Una foto reciente y una hoja con sus datos, incluido si tiene deterioro cognitivo y a quién avisar. Es la información que los servicios de emergencia van a pedir primero.
Si la persona vive sola, deja una copia de esa hoja en la puerta de la nevera y avisa a un vecino de confianza de que existe. En los avisos de evacuación reales, los vecinos llegan antes que nadie.
Cinco errores frecuentes al comprar la mochila
- Comprar por litros y no por espalda. Una mochila de 60 litros con arnés malo transporta peor treinta kilos que una de 40 con arnés bueno. El sistema de carga manda.
- Elegir estética militar por parecer más preparado. Suma peso en molle y velcros que no vas a usar, y en una evacuación urbana llamar la atención no juega a tu favor.
- Creer la etiqueta de impermeable. Ya lo hemos visto: casi ninguna lo es. Da por hecho que entra agua y monta las bolsas estancas dentro.
- Dejarla sin estrenar. La mochila que no te has puesto cargada es una incógnita. Cárgala y anda una hora antes de darla por buena, y hazlo dentro del plazo de devolución.
- No probar el contenido. El filtro sin montar, el hornillo sin encender y la radio sin sintonizar son objetos decorativos hasta que los usas una vez.
Si prefieres partir de un conjunto ya montado y adaptarlo, tienes el planteamiento en kits de supervivencia y una lista contrastada en el checklist de mochila de 72 horas.
Tus derechos al comprarla: garantía y devolución
Si compras la mochila en una tienda online, conviene que sepas con qué plazos juegas, porque es justo lo que necesitas para probarla cargada antes de decidir.
- Garantía legal de conformidad: tres años desde la entrega, para productos comprados a partir del 1 de enero de 2022 (Real Decreto-ley 7/2021). Si en ese plazo aparece un defecto de fabricación —una costura que se abre, una hebilla que revienta sin golpe—, tienes derecho a reparación o sustitución sin coste.
- Desistimiento: 14 días naturales desde que recibes el paquete, sin tener que justificar el motivo (artículos 102 a 108 del Real Decreto-ley 1/2007). Y con derecho a examinar el producto: puedes abrir la caja, sacar la mochila, mirarla y probártela como lo harías en una tienda física. Solo respondes si la manipulas más allá de eso.
- Las cláusulas del tipo «solo se admiten devoluciones sin abrir y en su embalaje original» son ilegales en venta a distancia. Si te la encuentras, no te obliga.
- La excepción del artículo 103.c) se aplica a bienes personalizados fabricados a medida. Una mochila de catálogo no entra ahí; una con tu nombre bordado, sí.
Aprovéchalo con cabeza: el día que llegue, cárgala con el peso real y anda con ella. Si el arnés no te va, devuélvela dentro de plazo en lugar de quedártela y descubrirlo dentro de dos años.
Preguntas frecuentes sobre mochilas de supervivencia de 72 horas
¿Cuántos litros necesita una mochila de supervivencia de 72 horas?
Para un adulto, entre 30 y 45 litros resuelven tres días. Por debajo de 25 no cabe el abrigo; por encima de 50 la vas a llenar de cosas que no vas a usar y la carga se dispara. La cifra se ajusta a tu talla y a lo que ya tengas repartido en casa, no al revés.
¿Cuánto debe pesar cargada?
La regla de dedo que se usa en marcha con carga es no pasar del 20-25 % de tu peso corporal si estás en forma y del 10-15 % si no caminas habitualmente. No es una norma oficial, es una orientación: la prueba de verdad es cargarla y andar una hora. Si al final de esa hora vas cambiándotela de hombro, pesa demasiado.
¿Sirve una mochila de montaña normal?
Sí, y suele ser mejor opción que una mochila de estética militar. Una mochila de senderismo de 35-45 litros con cinturón lumbar y espalda regulable está pensada exactamente para llevar peso caminando. Lo que no sirve es una mochila urbana de asas finas sin cinturón.
¿Cuánta agua hay que llevar para tres días?
Llevar tres días de agua a cuestas no es viable: son unos 2 litros por persona y día solo para beber, y el agua pesa 1 kg por litro. El planteamiento habitual es llevar entre 1,5 y 3 litros encima y resolver el resto con un sistema de potabilización y con la reserva de agua embotellada que tengas en casa.
¿Hace falta que la mochila sea impermeable o basta con la funda?
Casi ninguna mochila es impermeable: el tejido puede repeler agua, pero las costuras y las cremalleras la dejan pasar. La combinación que funciona es funda exterior para la lluvia más bolsas estancas dentro para lo que no puede mojarse: documentación, ropa seca, electrónica y botiquín.
¿Qué comida meto si no puedo cocinar?
Comida que se abra y se coma: conservas con anilla, frutos secos, barritas, galletas, fruta deshidratada, tarritos infantiles si hay bebés. Deja fuera lo que necesite hervir, lo que se estropee con el calor del maletero y lo que no hayas probado nunca. Y mete un abrelatas manual, que las anillas fallan.
¿Qué documentos meto y en qué formato?
Copias en papel dentro de una bolsa estanca: DNI o NIE, tarjeta sanitaria, carné de conducir, póliza del seguro del hogar, escritura o contrato de alquiler y una hoja con los teléfonos de la familia escritos a mano. En el móvil no vale como única copia: si se queda sin batería, esos datos han dejado de existir para ti.
¿Cuánto dinero en efectivo conviene llevar?
El importe lo decides tú según tu situación, pero el criterio es claro: billetes pequeños y monedas, porque en un apagón los datáfonos y los cajeros no funcionan y nadie va a poder devolverte el cambio de un billete grande. Guárdalo separado de la cartera del día a día.
¿Cada cuánto se revisa la mochila?
Cada seis meses. El truco es engancharlo a los dos cambios de hora, en marzo y en octubre, que ya te obligan a tocar los relojes de casa. Se revisan caducidades de comida y medicación, pilas, estado de la ropa y tallas de los niños, que cambian rápido.
¿Qué mochila le pongo a un niño?
Una pequeña, de 10 a 15 litros, por debajo del 10 % de su peso y que lleve él mismo: su ropa de recambio, su manta, una botella pequeña, su linterna y algo que le calme. Mete en el bolsillo una tarjeta con su nombre y los teléfonos de contacto, y la medicación que necesite en la mochila del adulto.
¿Y si en casa hay una persona mayor dependiente?
Esa persona no lleva mochila. Se prepara una bolsa a su nombre que lleva el acompañante, con la medicación de varios días en su envase original, el informe médico y la lista de tratamientos, gafas y audífono con pilas de repuesto, y lo que necesite de higiene. La movilidad manda sobre el equipo: si usa andador o silla plegable, eso va antes que cualquier otra cosa.
¿Qué garantía y qué plazo de devolución tengo si la compro online?
La garantía legal de conformidad es de tres años desde la entrega para compras hechas a partir del 1 de enero de 2022 (RDL 7/2021). Y en venta a distancia tienes 14 días naturales para desistir sin dar explicaciones (artículos 102 a 108 del RDL 1/2007), con derecho a abrir la caja y comprobar el producto como lo harías en una tienda. Una condición del tipo «solo se admiten devoluciones sin abrir y en su embalaje original» es ilegal.
Resumiendo: el orden en que se decide
Si te quedas con una sola idea, que sea el orden. Primero decides el escenario, que en España casi siempre es apagón, incendio, inundación o aviso en el móvil. Después decides el peso que puedes llevar caminando, que es un número bastante más bajo del que crees. Solo entonces eliges los litros, y al final la mochila concreta, mirando arnés, costuras y cremalleras antes que capacidad o color. El contenido se monta por bloques, se protege con bolsas estancas, se revisa cada seis meses y se adapta a quien vive contigo, sobre todo si hay niños o alguien dependiente.
Lo que no vas a encontrar aquí, ni deberías encontrarlo en ninguna guía honesta, es una tabla de tres modelos con sus gramos y sus precios presentada como el resultado de una prueba de campo que nadie hizo. Compara tú, con estos criterios, y prueba la mochila antes de que la necesites. Para las recomendaciones oficiales sobre autoprotección y qué hacer ante un aviso, acude a Protección Civil y al 112 de tu comunidad autónoma, que son la fuente que manda.
