Contenido editorial de SuperVivencia
Para usar bien una manta térmica de emergencia: aíslate primero del suelo, protégete del viento, envuélvete con el lado plateado hacia el cuerpo dejando la cara siempre libre, sella los bordes bajo tu peso y ventila de vez en cuando la condensación. Y si la usas con alguien en riesgo de hipotermia, llama antes al 112: la manta gana tiempo, no sustituye a la asistencia sanitaria. Pesa menos de 60 gramos, cabe en la palma de tu mano y actúa como espejo de la radiación infrarroja que emite tu cuerpo. En esta guía vas a aprender exactamente cómo, cuándo y por qué usarla de forma efectiva.
Aviso importante: esta guía es divulgativa y no sustituye la formación en primeros auxilios ni la valoración de un profesional sanitario. Ante una emergencia real con una persona afectada por frío o calor, llama al 112 y sigue las indicaciones del operador. Si sales al monte con frecuencia, un curso presencial de primeros auxilios te enseñará en unas horas lo que ningún artículo puede transmitir.
¿Qué es una manta térmica de emergencia y cómo funciona?
La manta térmica de emergencia, también conocida como manta de supervivencia, manta espacial o manta isotérmica, es una lámina fina de poliéster metalizado (generalmente con aluminio) que fue desarrollada originalmente por la NASA en 1964 para proteger equipos espaciales de las variaciones extremas de temperatura.
Su funcionamiento se basa en un principio físico sencillo: la reflexión de la radiación infrarroja. Tu cuerpo pierde calor de cuatro formas: conducción (contacto con superficies frías), convección (viento), evaporación (sudor) y radiación (emisión de calor corporal al entorno). La manta térmica actúa principalmente sobre la radiación: la capa metalizada devuelve hacia tu cuerpo una parte importante del calor que emites en forma de ondas infrarrojas. Los fabricantes suelen declarar valores de reflexión de en torno al 80-90%; tómalos como cifra típica de catálogo, porque en condiciones reales (manta arrugada, holgada o húmeda) el rendimiento efectivo es menor.
Además, al ser impermeable al viento y al agua, también reduce significativamente las pérdidas por convección y evaporación. Es decir, una sola lámina de apenas 12 micras de espesor combate tres de los cuatro mecanismos de pérdida de calor. La única forma de pérdida que no puede evitar es la conducción: si estás tumbado directamente sobre el suelo frío, seguirás perdiendo calor por debajo.
Especificaciones técnicas típicas
- Material: Poliéster metalizado con aluminio (PET/Mylar)
- Dimensiones: 210 x 160 cm (estándar) o 210 x 130 cm (versión individual)
- Peso: 50-60 gramos (versiones de un solo uso), 100-300 g (reutilizables)
- Reflectividad: en torno al 80-90% de la radiación infrarroja (valor típico declarado por el fabricante)
- Grosor: 12 micras (un solo uso) a 50+ micras (reforzadas)
Lo que una manta térmica NO hace (y conviene saber antes de confiarle la vida)
Entender los límites del material evita sustos. La manta térmica no genera calor: solo devuelve parte del que tu cuerpo ya produce y frena el que te roba el entorno. Si la persona está exhausta, lleva horas fría o apenas produce calor metabólico, la manta por sí sola no la va a recalentar; en ese escenario lo que gana tiempo es la combinación de aislamiento del suelo, ropa seca, protección del viento y aviso inmediato al 112.
Tampoco aísla como lo hace un saco de dormir. Un saco atrapa aire en su relleno y ese aire quieto es el verdadero aislante; la manta es una lámina sin cámara de aire, así que su papel es el de barrera contra la radiación, el viento y la humedad, no el de edredón. Por eso funciona mucho mejor como capa exterior sobre ropa de abrigo que en contacto directo con la piel. Y una advertencia de material: el poliéster metalizado es plástico y arde o se derrite con facilidad, de modo que nunca debe usarse pegado a llamas, brasas ni hornillos.
La manta térmica no es una fuente de calor: es un espejo. Si el cuerpo que envuelve ya no emite casi nada, no hay nada que reflejar. Por eso el orden correcto es avisar al 112, aislar del suelo y del viento, y solo entonces envolver.
Cuándo usar una manta térmica (situaciones reales)
La manta térmica no es solo para montañeros extremos. Hay múltiples situaciones cotidianas y de emergencia donde puede ser fundamental:
1. Hipotermia o riesgo de hipotermia: Es el uso más obvio y crítico. Si tú o alguien de tu grupo presenta temblores incontrolables, confusión, torpeza o somnolencia tras exposición al frío, la manta térmica es una herramienta de primera intervención, pero el primer paso es siempre llamar al 112. La hipotermia comienza cuando la temperatura corporal baja de 35 °C y puede ser mortal por debajo de 30 °C. Muchos casos se dan en situaciones que parecían inofensivas: una excursión que se alarga, un cambio brusco de tiempo o una caída en un río.
2. Accidentes en montaña o senderismo: Una lesión que te inmoviliza (esguince de tobillo, fractura) puede convertir una tarde soleada en una emergencia si no puedes moverte y la temperatura baja. La manta térmica te permite mantener tu calor corporal mientras esperas rescate.
3. Avería del vehículo en zonas remotas: Quedarse tirado en una carretera de montaña en invierno con el motor apagado puede ser peligroso en pocas horas. Una manta térmica en la guantera pesa menos que un mechero y puede salvarte.
4. Tras un esfuerzo físico intenso: Después de correr una maratón o una carrera de trail, tu cuerpo pierde la capacidad de termorregularse temporalmente. No es casualidad que en las carreras de larga distancia se repartan mantas térmicas en la meta.
5. Golpes de calor: La manta térmica no solo sirve para el frío. Con el lado reflectante hacia fuera, puede crear sombra y reflejar la radiación solar, reduciendo significativamente la exposición al calor.
Recomendación del Equipo
Te recomendamos llevar siempre al menos 2 mantas térmicas en tu kit de emergencia. Son tan ligeras que no notarás la diferencia de peso.
Paso a paso: cómo colocar una manta térmica correctamente
Desplegar una manta térmica parece trivial, pero hacerlo mal reduce drásticamente su eficacia. Sigue estos pasos:
Paso 1: Aíslate del suelo primero. Antes de usar la manta, coloca una barrera entre tu cuerpo y el suelo. Puede ser una esterilla, hojas secas, ramas de pino, tu mochila o cualquier material aislante. La conducción térmica a través del suelo es una de las mayores vías de pérdida de calor cuando estás tumbado, y la manta no puede hacer nada contra ella.
Paso 2: Busca refugio del viento. La manta térmica es muy fina y el viento reduce su eficacia enormemente. Busca una pared de roca, un tronco caído, una zanja o cualquier barrera natural. Si no hay ninguna, puedes improvisar con tu mochila o ropa extra.
Paso 3: Despliega la manta con cuidado. El material es delicado y se desgarra fácilmente. Despliégala lentamente, sin tirones bruscos. Si hay viento, agáchate y despliégala cerca del suelo.
Paso 4: Envuélvete completamente. Cúbrete desde los pies hasta el cuello, asegurándote de que no queden huecos por donde se escape el aire caliente. Presta especial atención a cerrar la manta por debajo (mete los bordes bajo tu cuerpo) y por los lados. Por la cabeza se pierde mucho calor, pero no la envuelvas con la lámina: cúbrela con un gorro, una capucha o una prenda, y deja SIEMPRE la nariz y la boca al descubierto. Taparse la cara con la manta crea riesgo de asfixia.
Paso 5: Minimiza el movimiento. Cada vez que te mueves, rompes el sello de aire caliente que se forma entre tu cuerpo y la manta. Encuentra una posición cómoda y mantente quieto. La posición fetal es la más eficiente para conservar calor.
Paso 6: Vigila la condensación. La manta es impermeable, lo que significa que la humedad de tu cuerpo se acumulará en el interior. Si empiezas a sentirte húmedo, abre brevemente un borde para ventilar y luego vuelve a cerrar. La humedad acumulada puede empeorar la hipotermia a largo plazo.
El lado dorado vs el lado plateado: ¿cuál va hacia fuera?
Esta es probablemente la pregunta más frecuente sobre las mantas térmicas, y la respuesta depende de la situación. Muchas mantas vienen con dos caras diferenciadas: una plateada y una dorada (o a veces una cara plateada y otra de color).
Para protegerte del frío (lo más habitual): Coloca el lado plateado (reflectante) hacia tu cuerpo. La cara plateada refleja el calor infrarrojo que emite tu cuerpo de vuelta hacia ti, maximizando la retención de calor. El lado dorado queda hacia fuera.
Para protegerte del calor: Invierte la posición. Coloca el lado plateado hacia fuera (hacia el sol). Así refleja la radiación solar lejos de tu cuerpo, creando una sombra más fresca debajo.
Dato importante: En las mantas que tienen ambas caras plateadas (sin lado dorado), la diferencia entre un lado y otro es mínima. Ambos lados reflejan de forma similar. La distinción dorado/plateado es más útil como referencia visual rápida para saber qué cara estás usando en una situación de estrés.
Recuerda esta regla sencilla: el lado brillante siempre mira hacia la fuente de calor que quieres reflejar. Si la fuente de calor eres tú, el lado brillante va hacia dentro. Si la fuente de calor es el sol, el lado brillante va hacia fuera.
Usos alternativos de las mantas térmicas (refugio, señalización, recogida de agua)
La versatilidad de la manta térmica va mucho más allá de envolverse en ella. Conocer estos usos alternativos puede ampliarte las opciones en una situación de supervivencia:
Como refugio improvisado
Atada entre dos árboles con paracord o cuerda, la manta térmica funciona como un toldo que refleja el calor del sol (en verano) o retiene el calor de una fogata (en invierno). Puedes crear una estructura en A con un palo central y la manta apoyada a ambos lados, o un lean-to (cobertizo) inclinándola contra un tronco. Ten en cuenta que el material se desgarra con facilidad, así que refuerza los puntos de anclaje con cinta adhesiva o piedras envueltas en los bordes.
Como señalización de emergencia
La superficie reflectante de la manta es visible a kilómetros de distancia bajo la luz solar. Extendida en el suelo en una zona abierta, puede ser detectada por helicópteros y aviones de rescate. También puedes usarla como espejo de señales, orientando el reflejo del sol hacia un punto concreto, aunque un espejo de señales rígido concentra mejor el destello.
Para recoger agua de lluvia
Crea una depresión en la manta apoyándola sobre palos o piedras con una zona baja central. La superficie impermeable canaliza el agua de lluvia hacia el punto más bajo, donde puedes recogerla en un recipiente. También puedes usarla para captar el rocío matutino extendida sobre la hierba durante la noche.
Como cortavientos para fogata
Colocada detrás de ti mientras estás sentado junto a una fogata, la manta devuelve parte del calor del fuego hacia tu espalda y notas el calentamiento por los dos lados. Eso sí: es plástico metalizado e inflamable, así que colócala a un par de metros de las llamas como mínimo, lejos del alcance de las chispas, y nunca te envuelvas en ella junto al fuego.
Como aislante para el suelo
Colocada debajo de tu saco de dormir o esterilla, añade una capa extra de aislamiento contra el frío del suelo. Es especialmente útil en terrenos nevados o sobre roca, donde la pérdida de calor por conducción es máxima.
Errores que pueden costarte la vida
Usar una manta térmica parece simple, pero estos errores son sorprendentemente comunes y pueden reducir su eficacia a prácticamente cero:
1. Tumbarse directamente sobre el suelo frío. Este es el error número uno. Sin aislamiento debajo de tu cuerpo, el suelo absorbe tu calor por conducción mucho más rápido de lo que la manta puede reflejar. Siempre, sin excepción, coloca algo entre tu cuerpo y el suelo antes de usar la manta.
2. No sellar los bordes. Una manta térmica abierta por los costados es como una chaqueta desabrochada: el viento entra, el calor se va. Mete los bordes bajo tu cuerpo, sujétalos con piedras o simplemente siéntate sobre ellos.
3. Usar la manta con ropa mojada. El agua conduce el calor mucho más deprisa que el aire, así que la ropa empapada te enfría a gran velocidad aunque estés envuelto. Si es posible, quítate la ropa mojada antes de envolverte. Si no puedes quitártela, escúrrela al máximo. La manta sobre ropa mojada es mejor que nada, pero mucho menos eficaz que sobre ropa seca.
4. Ignorar la condensación. Después de un rato, la humedad de tu respiración y sudor se acumula dentro de la manta. Si no ventila brevemente cada cierto tiempo, acabarás empapado por dentro, lo que acelera la pérdida de calor.
5. Guardar la manta sin comprobarla. Las mantas térmicas baratas pueden degradarse con el tiempo, especialmente si están expuestas al calor en una guantera o mochila. Revisa tu manta al menos una vez al año y reemplázala si notas que el material se pega a sí mismo, se vuelve quebradizo o tiene perforaciones.
6. Confiar solo en la manta. La manta térmica es una herramienta de emergencia, no un sistema completo de protección contra el frío. Combínala siempre con ropa de abrigo, refugio y, si es posible, una fuente de calor adicional como una fogata o calentadores de manos.
7. Taparse la cara por completo. Con frío intenso apetece cubrirse entero, pero la manta es impermeable al aire: taparse la cabeza y la cara con ella crea riesgo real de asfixia, sobre todo en personas semiinconscientes, niños o si te quedas dormido. La nariz y la boca quedan SIEMPRE al descubierto. Si necesitas proteger la cara del viento, usa un gorro, una braga de cuello o la capucha de la chaqueta, nunca la lámina metalizada.
8. Usarla cerca del fuego. La manta es plástico metalizado: arde y se derrite, y el material fundido se pega a la piel provocando quemaduras graves. Nada de envolverse en ella junto a la fogata, ni secarla acercándola a las llamas, ni usarla de pantalla a menos de un par de metros del fuego. Si montas el truco del reflector de fogata que vimos antes, la manta va detrás de ti, lejos de las chispas, y tú entre el fuego y la manta.
9. Envolver a alguien mojado sin más. Si rescatas a alguien de un río o está empapado de sudor, envolverlo tal cual encierra la humedad dentro. Antes de la manta: ropa mojada fuera (si el entorno lo permite), secado rápido y una capa de ropa seca o forro polar entre la piel y la lámina. La manta directamente sobre piel mojada acelera la sensación de frío en cuanto la persona deja de moverse.
Qué hacer ante una hipotermia: protocolo general de actuación
Este es el escenario en el que la manta térmica se juega su reputación. Lo que sigue es el protocolo general de primeros auxilios que se enseña en cursos básicos, contado paso a paso y sin tecnicismos. No es formación sanitaria ni pauta médica: es el orden de actuación razonable de un testigo mientras llega la ayuda profesional.
1. Llama al 112 antes de nada. La hipotermia engaña: la persona puede parecer "solo cansada" y estar entrando en una fase peligrosa. Confusión, dejar de tiritar de repente, hablar arrastrando las palabras o querer quitarse la ropa son señales de gravedad. El operador del 112 te guiará mientras actúas; no cuelgues hasta que te lo indique.
2. Corta las pérdidas de calor. Saca a la persona del agua, del viento o de la nieve. Ponla sobre una capa aislante (esterilla, mochilas, ramas, cuerdas enrolladas: lo que haya) para que el suelo deje de robarle calor por conducción. Retira la ropa empapada si puedes hacerlo sin exponerla más al frío y cámbiala por prendas secas.
3. Envuelve por capas, no directamente. El orden que mejor funciona: ropa seca contra el cuerpo, capa de abrigo encima y la manta térmica como capa exterior, con el lado reflectante hacia la persona y los bordes bien remetidos. Cabeza cubierta con gorro o capucha, cara siempre despejada. Si tienes dos mantas, una puede ir bajo la persona como barrera extra contra el suelo.
4. Manipula con suavidad y no frotes. A una persona muy fría se la mueve despacio y sin sacudidas. Nada de friegas enérgicas en brazos y piernas ni de meterla de golpe junto a una fuente de calor intensa: el recalentamiento brusco de las extremidades puede empeorar la situación. El calentamiento debe ser gradual y centrado en el tronco.
5. Si está consciente y traga sin problemas, una bebida templada y azucarada ayuda a que el propio cuerpo genere calor. Nunca alcohol (dilata los vasos y acelera la pérdida de calor) y nunca líquidos a alguien somnoliento o confuso, por el riesgo de atragantamiento.
6. Acompaña y vigila hasta que llegue ayuda. Habla con la persona, comprueba que responde y mantén el envoltorio cerrado salvo para ventilar la condensación. Si deja de responder, comunícaselo de inmediato al 112 y sigue sus instrucciones al pie de la letra.
En hipotermia, la manta térmica no "cura" a nadie: compra minutos. Los tres gestos que de verdad cambian el desenlace son avisar al 112 pronto, aislar del suelo y recalentar despacio.
Recuerda: lo anterior es orientación general de primeros auxilios para legos y no sustituye la formación práctica ni la valoración de profesionales sanitarios. Cada caso es distinto; ante la duda, manda el 112.
Manta de emergencia, manta reutilizable o saco de vivac: cuál elegir
No todas las mantas térmicas son iguales. La diferencia entre una manta de 1 euro y una de 15 puede ser significativa cuando tu vida depende de ella. Estos son los tipos principales que debes conocer:
Mantas de un solo uso (Mylar estándar)
Son las más comunes, las que encuentras en cualquier botiquín. Pesan unos 50 gramos y cuestan menos de 2 euros. Funcionan bien para emergencias puntuales, pero se rasgan con facilidad y no resisten más de 2-3 usos. Son imprescindibles como respaldo, pero no deberían ser tu única opción si practicas actividades al aire libre con regularidad.
Mantas reforzadas o reutilizables
Fabricadas con material más grueso (25-50 micras), estas mantas resisten desgarros, se pueden plegar y reutilizar muchas veces y suelen incluir ojales en las esquinas para atarlas. Pesan entre 150 y 300 gramos. Son la opción ideal para incluir en un kit de supervivencia serio.
Sacos de bivac térmicos
Son la evolución de la manta térmica: un saco con forma de bolsa para dormir que te envuelve completamente sin necesidad de sujetar los bordes. Eliminan los problemas de sellado y son mucho más eficaces en condiciones adversas. Pesan entre 100 y 200 gramos y son la mejor inversión si solo puedes llevar un producto de protección térmica de emergencia.
Comparativa rápida: qué llevar según tu actividad
| Característica | Manta de emergencia (un solo uso) | Manta reutilizable reforzada | Saco de vivac térmico |
|---|---|---|---|
| Peso aproximado | 50-60 g | 150-300 g | 100-200 g |
| Durabilidad | 2-3 usos con suerte; se rasga fácil | Años, admite plegado repetido | Años; costuras selladas |
| Sellado contra el viento | Manual: hay que remeter bordes | Manual, pero con ojales para atar | Cerrado de fábrica: te metes dentro |
| Uso más adecuado | Respaldo en botiquín, guantera y mochila del día | Kit serio, refugio improvisado, usos repetidos | Pasar la noche o esperas largas de rescate |
| Limitación principal | Frágil y ruidosa; condensación | Más peso y volumen | Más condensación al ir cerrado |
La conclusión práctica: no son excluyentes. Una manta desechable en cada bolsa que uses (coche, botiquín, mochila del día) cuesta lo que un café, y un saco de vivac o una manta reforzada en la mochila grande cubre las salidas serias. Lo que no tiene sentido es llevar solo la desechable a una actividad de invierno de varios días.
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Cómo plegar y guardar la manta para que siga viva cuando la necesites
Una manta térmica que lleva cinco veranos cociéndose en la guantera puede estar inservible sin que lo sepas: el calor degrada el metalizado y las capas acaban pegadas entre sí. Para que llegue en condiciones al día que importa, guárdala lejos de fuentes de calor y de la luz directa, dentro de su envoltorio original o de una bolsita con cierre que la proteja de rozaduras. En el coche, mejor en el maletero o bajo un asiento que en la guantera orientada al sol.
Si ya la has desplegado y quieres reutilizarla, olvídate de devolverla al tamaño de fábrica: el plegado industrial no se replica a mano. El método que funciona es extenderla, dejar que se seque del todo (la humedad atrapada favorece que el material se pegue), doblarla en cuadrados sin marcar aristas con la uña y expulsar el aire poco a poco. Quedará un paquete como un puño en lugar de una baraja de cartas, pero perfectamente utilizable. Antes de volver a confiar en ella, mírala a contraluz: los puntitos de luz delatan microperforaciones. Con dos o tres desgarros pequeños puedes salir del paso con cinta americana; si el material cruje quebradizo o se descama el metalizado, jubílala y estrena otra, que cuesta lo que un billete de autobús.
Revisión anual en 2 minutos
- Envoltorio: ¿está hinchado, roto o pegajoso? Mala señal.
- Tacto: el material debe deslizarse; si las capas vienen pegadas, descártala.
- Contraluz: sin puntos de luz ni zonas desmetalizadas.
- Fecha: apunta en el envoltorio el año de compra; a partir del cuarto o quinto año en condiciones duras, renuévala aunque parezca bien.
Qué llevar junto a la manta: el trío que la hace funcionar
La manta térmica rinde poco en solitario porque no resuelve la conducción con el suelo ni te da estructura. Estos compañeros de kit multiplican su utilidad y entre todos apenas suman medio kilo:
| Elemento del kit | Qué aporta a la manta | Peso aprox. |
|---|---|---|
| Esterilla plegable o trozo de aislante | Corta la conducción con el suelo, el punto ciego de la manta | 150-400 g |
| Cordino o paracord (5-10 m) | Convierte la manta en toldo, refugio o cortavientos | 50-100 g |
| Cinta americana (unos metros enrollados) | Repara desgarros y refuerza esquinas y anclajes | 30-50 g |
| Gorro y guantes finos | Protegen cabeza y manos sin tapar la cara con la lámina | 80-150 g |
| Calentadores químicos de manos | Añaden el calor que la manta solo puede conservar | 40-60 g/par |
| Silbato y linterna frontal | Señalización cuando la manta reflectante no basta | 60-120 g |
Si prefieres no montarlo pieza a pieza, en nuestra guía del kit de supervivencia de 72 horas tienes la lista completa por prioridades, y en la categoría de botiquines encontrarás sets que ya incluyen manta térmica de serie. Revisa que la que venga en el botiquín no sea de las de celofán finísimo: si al tacto parece papel de caramelo, añade una reforzada.
El mejor kit no es el más completo, sino el que llevas encima el día que lo necesitas. Una manta de 60 gramos en la mochila del día vale más que un equipo de 20 kilos en el armario.
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Preguntas Frecuentes
Las mantas térmicas de un solo uso (las más comunes y baratas) pueden reutilizarse 2-3 veces si se pliegan con cuidado, aunque pierden eficacia con cada uso. El material se debilita y se crean microperforaciones. Las mantas reutilizables de mayor calidad, fabricadas con material más grueso, pueden durar años con un buen mantenimiento. Lo ideal es llevar siempre varias unidades desechables como respaldo.
Ayuda, sí. Colocando el lado plateado hacia el exterior (hacia el sol), la manta devuelve buena parte de la radiación solar y crea una sombra más fresca debajo. Funciona mejor montada como toldo, tensa y separada del cuerpo, que en contacto con la piel. Y recuerda que la sombra no sustituye al agua ni al descanso: ante síntomas de golpe de calor, llama al 112.
Es posible y en una emergencia es mucho mejor que no tener nada, pero hay que tener en cuenta que la manta genera condensación por dentro. Lo ideal es combinarla con una capa aislante debajo (esterilla, ramas, hojarasca) y dejar una pequeña apertura para ventilación. Nunca cubras completamente la cabeza; deja siempre la nariz y boca libres para respirar. Un saco de bivac térmico es más cómodo y eficaz para pasar la noche.
Una manta térmica estándar pesa entre 50 y 60 gramos y plegada ocupa menos espacio que una baraja de cartas. Las versiones reforzadas o reutilizables pueden pesar entre 100 y 300 gramos. Incluso las versiones más pesadas son insignificantes en comparación con su utilidad potencial. No hay excusa para no llevar al menos una en cualquier salida al aire libre.
Para el frío, el lado plateado (el más brillante) va hacia tu cuerpo, porque es el que refleja el calor que emites. Para protegerte del sol, al revés: el plateado hacia fuera. La regla fácil de recordar es que el lado brillante siempre mira hacia la fuente de calor que quieres reflejar. En mantas con las dos caras plateadas la diferencia entre lados es mínima.
Con mucha precaución y nunca en contacto ni cerca de las llamas: es plástico metalizado y arde o se derrite con facilidad, y el material fundido provoca quemaduras graves. Como reflector de fogata debe ir a un par de metros del fuego, detrás de ti, lejos de chispas. Jamás la uses para avivar brasas ni la seques acercándola al fuego.
No llevan fecha de caducidad como tal, pero el material se degrada con el calor, la luz y el tiempo: las capas se pegan, el metalizado se descama y aparecen microperforaciones. Revisa la tuya una vez al año mirándola a contraluz y renuévala cada 4-5 años si ha vivido en una guantera o mochila expuesta al sol. Cuesta muy poco y es de los pocos equipos que, si falla, falla en el peor momento.
No. La manta es una lámina abierta que tienes que sellar tú remetiendo los bordes; el saco de vivac térmico es esa misma lámina cosida en forma de saco, de modo que te metes dentro y el sellado viene hecho. El saco es más eficaz con viento y para esperas largas o pasar la noche, a cambio de algo más de peso, precio y condensación interior.
Porque al cruzar la meta el cuerpo deja de generar el calor del esfuerzo de golpe, pero sigue empapado en sudor y con los vasos sanguíneos dilatados: la temperatura corporal puede caer rápido aunque no haga mucho frío. La manta corta el viento y devuelve parte del calor mientras el corredor se recupera y se cambia de ropa. Es el mismo principio que en montaña, aplicado a un escenario urbano.
Mejor no. La manta es impermeable y encierra la humedad: sobre piel o ropa mojada atrapa el agua contra el cuerpo, y el agua conduce el calor mucho más rápido que el aire. El orden correcto es secar a la persona, ponerle ropa seca si la hay y usar la manta como capa exterior. Si no hay nada seco, escurre la ropa al máximo antes de envolver, y avisa al 112 si hay señales de hipotermia.
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