Redacción editorial. Esta guía reúne criterios de uso general y recomendaciones públicas de preparación doméstica; no incluye ensayos propios ni asesoramiento médico o legal individualizado.
Tabla de Contenidos
- 1. Qué es y de dónde sale la regla de las 72 horas
- 2. Cómo elegir la mochila
- 3. Agua: la partida que no admite recortes
- 4. Comida: densidad energética, no gastronomía
- 5. Abrigo, refugio y capas de ropa
- 6. Iluminación, energía y comunicación
- 7. Botiquín, medicación e higiene
- 8. Documentación, dinero y plan familiar
- 9. Herramientas y límites legales
- 10. Lista completa y peso por bloque
- 11. El peso: la mochila que puedes cargar
- 12. Variantes por clima, entorno y persona
- 13. Revisión y rotación de caducidades
- 14. Errores comunes
- 15. Presupuesto y tus derechos como comprador
- 16. Preguntas frecuentes
Respuesta rápida: una bug out bag —en castellano, una mochila de evacuación— es una mochila cerrada y siempre lista que te permite salir de casa en un minuto y funcionar por tu cuenta unas 72 horas. Dentro va, por orden de importancia: agua y una forma de potabilizar más, comida que no necesite cocina, abrigo y refugio, iluminación y energía, un botiquín sencillo, copias de tus documentos, algo de efectivo en billetes pequeños y una radio. Como referencia de peso se suele hablar del 15-20 % de tu peso corporal como techo, y la regla que manda por encima de todas las demás es muy simple: la mochila que no puedes cargar caminando no te sirve de nada.
El término bug out bag viene del argot anglosajón y describe una mochila preparada de antemano para salir de casa deprisa. En España se entiende mejor si la llamas por lo que es: la mochila de evacuación, la que coges cuando te dicen que te vayas y no hay tiempo de pensar. No es una mochila de camping, no es un equipo militar y no tiene nada que ver con imaginar el fin del mundo. Es logística doméstica, del mismo tipo que tener el extintor revisado o saber dónde está la llave de paso del agua.
La lógica de fondo es que las decisiones buenas se toman con calma y las malas con prisa. Si el material está decidido, comprado y metido en una mochila el día que no pasa nada, el día que pasa algo solo tienes que cogerla. Esa es toda la ventaja: cambias improvisación por tiempo.
Qué es una mochila de evacuación y de dónde sale la regla de las 72 horas
Una mochila de evacuación contiene lo necesario para cubrir tus necesidades básicas —beber, comer, no pasar frío, ver, comunicarte y curarte una herida menor— durante unos tres días sin depender de casa. No pretende que vivas en el monte ni sustituye a los servicios de emergencia: pretende que estés razonablemente cómodo y localizable mientras esos servicios se organizan.
Por qué 72 horas y no otra cifra
Las 72 horas no salen de ningún experimento: son una convención de planificación que usan protecciones civiles y organizaciones de emergencia de medio mundo porque encaja con el tiempo que suele tardar un dispositivo de respuesta en desplegarse del todo. Levantar un centro de acogida, restablecer accesos cortados, montar puntos de reparto de agua y agua caliente, recuperar el suministro eléctrico en una zona amplia: nada de eso es instantáneo, y las primeras horas se van en evaluar daños y llegar físicamente a los sitios.
La cifra es un objetivo de autonomía, no una promesa. Puede que en tu caso todo se resuelva en seis horas, y puede que un corte de carretera lo alargue. Tres días es el punto donde una mochila sigue siendo cargable y ya cubre la mayoría de escenarios reales. Si preparas para dos semanas acabas con un equipo que pesa treinta kilos y que, precisamente por eso, no vas a poder mover.
Escenarios realistas en España
Merece la pena aterrizar esto, porque el material que metes depende de qué esperas. En España los motivos habituales para tener que salir de casa o quedarte sin servicios son bastante concretos:
- Apagón prolongado. No hace falta que sea general: una avería de zona en pleno invierno deja sin calefacción, sin ascensor, sin cobertura si caen las antenas y sin datáfono en las tiendas. Aquí la mochila casi nunca se usa para irte, sino para tener luz, radio, batería y agua a mano.
- DANA e inundación. Episodios de lluvia muy intensa en poco tiempo, típicos del arco mediterráneo en otoño. La evacuación puede ser vertical (subir de planta) o hacia fuera del barrio, y suele avisarse con muy poco margen.
- Incendio forestal. Afecta sobre todo a urbanizaciones e interfaz urbano-forestal en verano. Las evacuaciones son rápidas y ordenadas por las autoridades, y a menudo se sale en coche.
- Terremoto en zonas de riesgo sísmico. El sur y el sureste peninsular tienen actividad conocida. Lo relevante suele ser la imposibilidad de volver a un edificio hasta que lo revisen, no el daño masivo.
- Accidente industrial o de transporte. Cerca de polígonos, refinerías, puertos o corredores ferroviarios se pueden ordenar confinamientos o evacuaciones preventivas por una nube tóxica o una fuga.
- Emergencias domésticas. Un incendio en el edificio, una fuga de gas o un derrumbe parcial son mucho más probables que cualquier catástrofe y provocan exactamente lo mismo: pasar una o dos noches fuera de casa sin haber podido coger nada.
Protección Civil lleva años recomendando que los hogares tengan previsión propia para los primeros días de una emergencia y que cada familia conozca los riesgos de su municipio y el plan de actuación que le corresponde. Es una recomendación de sentido común, no una advertencia dramática: consulta el plan de emergencia de tu ayuntamiento y de tu comunidad autónoma, porque el riesgo dominante en Alicante no es el mismo que en León.
Preparar una mochila de evacuación no es esperar una catástrofe. Es asumir que un martes cualquiera puedes tener que dormir fuera de casa y preferir no hacerlo improvisando.
Lo que una mochila de evacuación no es
Conviene decirlo porque hay mucho ruido alrededor del tema. No es un kit para vivir en el bosque, no es un arsenal y no es una excusa para gastarse un dineral en material táctico. Tampoco sustituye a la reserva doméstica de casa, que es otra cosa: en casa puedes almacenar mucho más peso y volumen porque no tienes que cargarlo. Lo ideal es tener las dos cosas y que se complementen; la mochila es la versión portátil y reducida.
Tampoco es un objeto que se prepara una vez y se olvida. Una mochila con pilas gastadas, comida caducada y el filtro reventado por una helada es peor que no tener nada, porque te da una confianza que no se corresponde con la realidad.
Cómo elegir la mochila
La mochila importa tanto como lo que metes dentro, porque determina cuánto tiempo puedes caminar antes de que te duela algo. Estas son las características que de verdad marcan la diferencia:
Capacidad y ajuste
- Capacidad: entre 40 y 65 litros para un adulto. Por debajo de 40 vas a tener que sacrificar abrigo; por encima de 65 el problema deja de ser el espacio y pasa a ser que lo llenas y no puedes con ella.
- Cinturón lumbar acolchado: es el elemento que más se nota. Bien ajustado, traslada buena parte del peso a las caderas y libera los hombros. Una mochila de 12 kg sin cinturón lumbar se hace insoportable en menos de una hora.
- Espalda regulable o talla adecuada: la distancia entre hombros y caderas varía mucho de una persona a otra. Si la mochila es de talla fija, pruébatela cargada antes de comprarla.
- Panel trasero ventilado: menos sudor, menos rozaduras y ropa que se seca antes.
Materiales, cierres y agua
- Tejido resistente con costuras reforzadas en los puntos de anclaje de tirantes y cinturón, que es donde revientan.
- Cremalleras de calidad y, si puede ser, tiradores grandes que se manejen con guantes o con las manos frías.
- Funda de lluvia. Ninguna mochila es impermeable de verdad por las costuras y las cremalleras. La funda exterior más unas bolsas estancas dentro para ropa, documentos y electrónica resuelven el problema por muy poco peso.
- Compartimentos separados para no vaciarla entera cada vez que buscas algo. Un sistema de bolsas de colores dentro funciona igual de bien y es más barato.
Discreción por encima de estética
Los colores apagados —verde, gris, negro, tierra— tienen una ventaja práctica: una mochila que parece de senderismo pasa desapercibida en un centro de acogida, en un tren o en una cola. Una mochila con aspecto militar llama la atención y genera preguntas que no te apetece responder en mitad de una evacuación. Es un criterio de sentido común, no de camuflaje.
Pruébala cargada antes de necesitarla
Este es el paso que casi nadie da. Llena la mochila con todo lo que va a llevar y camina con ella. Una hora ya te dice mucho; tres horas te lo dicen todo. Si te aparecen rozaduras, si tienes que parar a colocarla cada diez minutos o si acabas con las cervicales cargadas, algo está mal: o el ajuste o el peso. Puedes ampliar criterios en nuestra guía de mochilas de supervivencia.
Agua: la partida que no admite recortes
El agua es lo primero por una razón sencilla: es lo que menos tiempo puedes sustituir y lo que más pesa. Un litro pesa un kilo, y esa aritmética condiciona toda la mochila.
Cuánta agua necesitas
Como referencia de planificación se maneja el orden de magnitud de dos a tres litros por persona y día contando bebida e higiene mínima. Con calor, esfuerzo físico o si estás dando de beber a niños, sube. Con eso, tres días para una persona serían entre seis y nueve litros: entre seis y nueve kilos solo de agua, lo que ya te dice que no puedes llevarla toda encima.
La solución práctica es llevar entre uno y dos litros listos para beber —una botella rígida y una bolsa plegable— y llevar sobre todo capacidad de conseguir más: un filtro, pastillas y algo donde recoger y transportar. La bolsa plegable de dos o tres litros pesa poco vacía y es lo que te permite cargar agua desde un punto de reparto hasta donde estés.
Filtro, pastillas o ebullición: qué cubre cada método
Aquí es donde más gente se equivoca, y la equivocación tiene consecuencias reales. No son métodos equivalentes. Cada uno cubre unas cosas y deja fuera otras:
| Método | Bacterias y protozoos | Virus | Turbidez | Químicos, metales, sal | Límites prácticos |
|---|---|---|---|---|---|
| Filtro de fibra hueca (rango de 0,1-0,2 micras) | Sí | No de forma fiable | Retiene partículas, pero se atasca | No | Se colmata con agua turbia; si se congela con agua dentro puede quedar inservible sin que se note |
| Pastillas potabilizadoras (base cloro o dióxido de cloro) | Sí, con matices | Sí | No | No | Requieren tiempo de espera; pierden eficacia en agua fría o turbia; los quistes de Cryptosporidium son especialmente resistentes al cloro y necesitan tiempos largos |
| Ebullición | Sí | Sí | No | No | Gasta combustible, tiempo y te obliga a esperar a que enfríe |
| Lámpara ultravioleta portátil | Sí | Sí | No | No | Solo funciona en agua ya clara; depende de pilas o batería |
| Prefiltrado con tela y decantación | No | No | Sí | No | Paso previo, nunca método único |
De ahí salen tres conclusiones prácticas. La primera: la combinación cubre más que cualquier método aislado. Prefiltra para quitar barro y hojas, filtra para retirar bacterias y protozoos, y desinfecta con pastillas si sospechas contaminación de origen humano, que es donde entran los virus. La segunda: lleva siempre un respaldo que no dependa de un aparato, porque un filtro se puede romper, atascar o congelar. La tercera, y la más importante:
Ningún método portátil elimina contaminación química, metales pesados ni sal. Si el agua puede venir de una inundación, de un vertido industrial o de un cauce urbano tras un episodio de lluvias, no la potabilices: no la bebas.
El agua de una inundación arrastra alcantarillado, combustible, productos de limpieza y todo lo que hubiera en garajes y bajos. Filtrarla o clorarla no la vuelve potable. En ese escenario la respuesta correcta es esperar al reparto oficial o al restablecimiento del suministro. Si quieres profundizar, tenemos guías específicas sobre métodos de purificación de agua, sobre pastillas potabilizadoras y sobre agua potable en emergencias, además de la categoría de filtros de agua.
Errores frecuentes con el agua
- Guardar la botella vacía «para llenarla cuando haga falta». Se sale de casa con ella llena o no se sale.
- Confiar todo a un solo filtro sin pastillas ni forma de hervir.
- Dejar el filtro en el coche o en el trastero durante el invierno: una helada con agua dentro lo puede arruinar sin señal visible.
- Olvidar el recipiente plegable. Sin él no puedes transportar el agua que te den.
Comida: densidad energética, no gastronomía
La comida de una mochila de evacuación tiene tres requisitos y ninguno es el sabor: que aporte muchas calorías por gramo, que no necesite cocinarse y que aguante meses sin cuidados. Todo lo demás es secundario.
Cuántas calorías meter
Un adulto medio consume del orden de 2.000 a 2.500 kilocalorías diarias en condiciones normales, y bastante más si camina cargado. En una mochila para 72 horas casi nadie lleva la ración completa: se suele llevar entre la mitad y dos tercios de lo que gastarías, porque tres días de déficit calórico moderado no son un problema de salud para una persona sana, mientras que tres kilos extra de comida sí son un problema de movilidad. Prioriza que haya algo los tres días antes que llevar menús completos el primero.
Qué formatos funcionan de verdad
- Frutos secos y mezclas energéticas. Muchísimas calorías por gramo, cero preparación, aguantan bien. El fallo típico es que enrancian: rota cada seis meses.
- Barritas energéticas o de cereales. Cómodas, se comen andando, se reparten con facilidad entre varias personas.
- Raciones deshidratadas. Muy ligeras y con mucha energía, pero consumen agua: en un contexto donde el agua es el recurso escaso, eso es un coste que hay que asumir conscientemente.
- Conservas de fácil apertura. Pesadas, pero listas para comer sin agua ni fuego y con proteína de verdad. Una o dos compensan.
- Chocolate con alto contenido de cacao, tabletas de turrón, galletas energéticas. Calorías baratas y moral alta, que en una noche mala vale más de lo que parece.
- Sobres de sopa o caldo y sal. Poco peso, ayudan a reponer sales si has sudado y hacen el agua caliente apetecible.
Si en casa hay alguna alergia, intolerancia, celiaquía o diabetes, la mochila tiene que respetarlo igual que la despensa. Y si hay bebés, la alimentación infantil manda: leche de fórmula, biberones y agua específica ocupan sitio y no se sustituyen con nada. Puedes ver opciones en la categoría de comida de emergencia.
¿Hornillo sí o no?
Un hornillo pequeño con pastillas de combustible o un cartucho pesa poco y te da agua caliente, que sirve para hervir, para una sopa y para entrar en calor. Es un extra útil, no un imprescindible. Lo que no debes hacer nunca es encender un hornillo dentro de una tienda cerrada, un coche o una habitación sin ventilación: la combustión consume oxígeno y genera monóxido de carbono, que no huele y mata mientras duermes. Si cocinas, cocina fuera o con ventilación franca.
Abrigo, refugio y capas de ropa
La hipotermia no necesita nieve. Ocurre con diez grados, viento y ropa mojada, y es un riesgo real en una evacuación nocturna de otoño en cualquier punto de la Península. Por eso el abrigo va justo detrás del agua en la lista de prioridades: es lo que evita el problema más probable.
El sistema de tres capas
Funciona igual en la montaña que en una acera a las tres de la mañana:
- Capa base. En contacto con la piel, su trabajo es sacar el sudor. Fibra sintética o lana merina. Algodón no: absorbe humedad, tarda muchísimo en secar y te enfría mientras lo hace.
- Capa intermedia. La que aísla: forro polar, chaqueta de fibra o de plumón ligero. Aquí es donde metes o quitas calor según el momento.
- Capa exterior. Corta viento y agua. Una chaqueta impermeable y transpirable con capucha vale más que un abrigo grueso, porque el viento y la lluvia son lo que de verdad te enfría.
A eso hay que sumar lo que casi siempre se olvida: gorro, guantes y calcetines de repuesto. Son gramos, ocupan nada y son lo que marca la diferencia entre una noche incómoda y una noche mala. Dos pares de calcetines secos son el mejor euro por gramo de toda la mochila. Tienes más criterios en ropa y protección.
Refugio mínimo viable
No hace falta una tienda de campaña. Lo que necesitas es cortar el viento, cortar la lluvia y aislarte del suelo, que es por donde se pierde más calor cuando duermes:
- Lona o toldo ligero de unos tres metros por tres, con cuerda fina. Se monta de diez formas distintas, pesa poco y también sirve de suelo o de recogedor de lluvia.
- Esterilla aislante. Aunque sea de espuma y básica. Dormir directamente sobre baldosa o tierra fría es lo que arruina el descanso.
- Saco de dormir o manta de vivac ajustado al clima de tu zona, comprimido en una bolsa estanca.
- Mantas térmicas. Pesan gramos y hacen mucho: envolverse, forrar el suelo del refugio, señalizar o proteger a alguien mientras esperas asistencia. Lleva dos. Aquí explicamos sus usos reales.
- Cordino fino y algo de cinta americana enrollada en un lápiz o en la propia botella. Repara, ata y sujeta prácticamente cualquier cosa.
Ten presente que en una evacuación real lo más probable es que acabes en un pabellón, un colegio o un centro cívico, no en el campo. Eso no hace inútil el refugio: en un pabellón con doscientas personas, tu esterilla, tu saco y tu manta son exactamente lo que te permite dormir. Puedes ampliar en refugio y descanso.
Iluminación, energía y comunicación
Luz: frontal primero
La linterna frontal es superior a la de mano por una razón evidente: te deja las dos manos libres para cargar a un niño, abrir una puerta o atarte una bota. Lleva una frontal como principal, una linterna pequeña como respaldo y pilas de repuesto en su blíster o una segunda batería. Si el modelo es recargable por USB, mejor que además admita pilas convencionales.
Un detalle práctico: la luz roja consume menos, no te destroza la visión nocturna y molesta mucho menos a quien duerme al lado. Y una barra química o una lucecita de bajo consumo colgada dentro de la mochila te ahorra revolverla a oscuras. Más ideas en iluminación y en nuestra guía de linternas recargables.
Energía
- Batería externa con capacidad para varias recargas del móvil, guardada cargada y verificada cada pocos meses. Las baterías de litio se autodescargan; una que lleva dos años en un cajón puede estar a cero.
- Cables de los conectores que uses de verdad, no el que sobró de un teléfono viejo. Y un cargador de pared pequeño: en un centro de acogida sí suele haber enchufes.
- Panel solar plegable solo si tu escenario probable es largo o rural. En un apagón urbano de dos días la batería externa cubre mejor y pesa menos. Lo desgranamos en cómo elegir un cargador solar.
Comunicación y radio
El móvil es tu herramienta principal mientras haya red, y en España las alertas oficiales de emergencia se envían directamente a los teléfonos de la zona afectada además de por los canales habituales de Protección Civil y del 112. Por eso lo primero es no quedarte sin batería y tener el móvil configurado para recibir esos avisos.
La radio entra cuando la red no está. Un aparato pequeño de FM y AM, a pilas o con dinamo, sigue siendo la forma más fiable de saber qué está pasando cuando no hay cobertura ni electricidad. Ocupa poco, no depende de nadie y funciona igual el tercer día que el primero. Apunta en papel las emisoras locales y la frecuencia de la emisora pública de tu zona: buscarlas a ciegas en mitad de un apagón es más difícil de lo que parece. Tenemos una guía sobre radios de emergencia y frecuencias básicas y la categoría de comunicación y navegación.
Completa el apartado con un silbato —se oye mucho más lejos que la voz y no te deja afónico ni agotado— y, si te mueves fuera de zona conocida, un mapa en papel y una brújula básicos. Un mapa no se queda sin batería.
Botiquín, medicación e higiene
Este es el apartado donde hay que ser más prudente, porque es el único en el que un consejo mal dado puede hacer daño de verdad. Vamos por partes.
Qué tiene sentido llevar
Un botiquín de mochila cubre lo que puede resolver cualquier persona sin formación sanitaria: heridas pequeñas, rozaduras, ampollas y sujetar una venda. Con eso ya cubres la inmensa mayoría de lo que ocurre en una evacuación:
- Gasas estériles, apósitos de varios tamaños y esparadrapo.
- Vendas elásticas y un par de vendas de gasa.
- Suero fisiológico en monodosis y antiséptico para limpiar heridas.
- Guantes desechables, tijeras de punta roma y pinzas.
- Apósitos específicos para ampollas: la lesión más común cuando caminas más de lo habitual con calzado que no es el tuyo de diario.
- Toallitas, gel hidroalcohólico y bolsas de basura pequeñas para residuos.
Medicación: aquí manda tu médico o tu farmacéutico
Lo importante de este apartado no es la lista, es tu propia medicación. Si tomas algo a diario, esa es la parte que no puede faltar: llévala en su envase original con el prospecto, en cantidad suficiente para varios días, y guarda además una foto o una copia impresa de tu informe o de tu hoja de tratamiento con las dosis, por si tienes que explicárselo a un sanitario que no te conoce. Si necesitas frío para conservar algo, planifica cómo lo vas a mantener.
Lo que no vamos a hacer aquí es recomendarte fármacos concretos ni pautas. Qué analgésico o qué medicamento te conviene tener a mano, en qué presentación y en qué cantidad depende de tu historial, de tus alergias, de tu edad, de si estás embarazada y de qué más tomas. Pregúntaselo a tu farmacéutico o a tu médico y monta el botiquín con lo que te indiquen. Un botiquín copiado de una lista de internet es un botiquín que no es tuyo.
Y una advertencia sobre el material «de trauma» que se ve en muchas listas: torniquetes, vendajes compresivos y gasas hemostáticas exigen formación específica. Mal aplicados causan daño, y llevarlos sin saber usarlos genera una falsa sensación de seguridad. Si te interesan, el orden correcto es hacer primero un curso de primeros auxilios —Cruz Roja y muchos ayuntamientos los ofrecen— y comprar el material después. Un curso de una tarde vale más que todo el contenido del botiquín. Tienes más detalle en cómo montar un botiquín de emergencia y en botiquines.
Higiene: lo que parece prescindible y no lo es
Tres días sin lavarse no matan a nadie, pero la higiene en un espacio compartido evita problemas gastrointestinales, que sí son un motivo frecuente de complicación en emergencias. Con muy poco peso resuelves casi todo: jabón pequeño o gel hidroalcohólico, cepillo y pasta de viaje, papel higiénico aplastado sin el rollo de cartón, toallitas húmedas, una toalla microfibra, protección solar y repelente si toca temporada. Y una bolsa de basura resistente, que sirve de saco de ropa sucia, de impermeable improvisado y de contenedor. Si en casa hay quien necesita productos de higiene menstrual, compresas para incontinencia o pañales, eso va en la mochila con la misma prioridad que el agua.
Documentación, dinero y plan familiar
Documentos en copia
Los originales se quedan donde estén; lo que va a la mochila son copias, en una bolsa estanca, y a ser posible también en una memoria USB cifrada y en tu almacenamiento en la nube. Lo útil suele ser: DNI o pasaporte, tarjeta sanitaria, permiso de conducir, la póliza del seguro del hogar con su teléfono de asistencia, la escritura o el contrato de alquiler, el libro de familia y los informes médicos relevantes de quien tenga una condición crónica.
Añade una hoja de papel con los teléfonos importantes escritos a mano. Es un detalle que parece absurdo hasta que el móvil se moja o se queda sin batería y descubres que no te sabes de memoria ni el número de tu pareja. En esa hoja también van la dirección del punto de encuentro y el contacto de referencia fuera de tu zona.
Efectivo en billetes pequeños
En un apagón no funcionan los datáfonos ni los cajeros. Llevar algo de efectivo en billetes pequeños y monedas resuelve una compra, un taxi o una máquina expendedora. La cantidad la decides tú según lo que te resulte razonable tener parado; la parte importante es el formato: billetes grandes son inútiles si nadie tiene cambio. Repártelo en dos sitios distintos de la mochila.
El plan familiar y el punto de encuentro
Esta es la parte que no pesa nada y que más veces falla. La mochila mejor equipada del mundo no sirve si la familia se dispersa y nadie sabe dónde ir. Un plan doméstico decente cabe en un folio:
- Dos puntos de encuentro: uno cerca de casa, para el caso de tener que salir del edificio, y otro fuera del barrio, para cuando la zona esté cortada.
- Un contacto de referencia que viva lejos. En una emergencia local suele ser más fácil hacer una llamada a otra provincia que dentro de la zona saturada; que todos llamen a la misma persona permite reconstruir quién está dónde.
- Quién recoge a los niños. Habla con el colegio y ten claro el protocolo de recogida y quién está autorizado.
- Quién se encarga de quién. Si hay personas mayores, dependientes o con movilidad reducida, asigna responsable y plan B por escrito.
- Dónde están las llaves de paso de gas, agua y el cuadro eléctrico, y quién las cierra al salir.
- Mensajes de texto antes que llamadas. Cuando la red está saturada, un SMS o un mensaje de datos pasa muchas veces donde una llamada no entra.
El plan familiar es la parte más barata de toda la preparación y la que más gente se salta. Media hora de conversación en el salón vale más que trescientos euros de material.
Herramientas: lo útil y lo que conviene mirar con cabeza
Con muy poco puedes resolver casi todo lo que aparece: una multiherramienta con alicates, destornillador y tijera, un rollo de cinta americana, cordino, unas bridas y un par de mosquetones. Añade un rollo pequeño de bolsas de cierre hermético para separar y proteger cosas, y un juego de cerillas o mechero para las ocasiones en que necesites fuego —siempre en bolsa estanca, porque un mechero mojado no enciende—.
Cuchillos y navajas: infórmate antes
Una hoja fija o una navaja resistente es una herramienta útil, y en un contexto de excursión o de trabajo en el campo nadie discute su sentido. Ahora bien, en España la normativa de armas establece límites sobre determinadas hojas y sobre llevarlas encima sin una causa justificada. La diferencia entre transportar una herramienta guardada dentro de una mochila para una actividad concreta y llevarla al alcance de la mano por la vía pública no es menor, y las ordenanzas municipales pueden añadir sus propias restricciones.
No te vamos a dar aquí medidas ni artículos concretos, porque es una materia en la que un dato mal citado te puede meter en un problema. Lo sensato es informarte de la normativa vigente antes de comprar y antes de mover nada, y quedarte con una idea de fondo: para el 90 % de lo que vas a necesitar en una evacuación —abrir un paquete, cortar una cuerda, apretar un tornillo— una multiherramienta con hoja plegable corta sobra. Puedes ver el catálogo en herramientas y cuchillos, y usa siempre cualquier hoja con la misma prudencia con la que la usarías en casa: cortando en dirección contraria al cuerpo y guardándola cerrada cuando no la uses.
Lista completa: qué va dentro y cuánto pesa cada bloque
Esta tabla es una referencia orientativa para que veas cómo se reparte el peso entre bloques, no una lista de la compra ni una medición de laboratorio. Los pesos son estimaciones de orden de magnitud: tu material concreto pesará algo más o algo menos, y lo suyo es que pases tu propia mochila por una báscula de baño una vez montada.
| Bloque | Contenido | Peso orientativo | Prioridad |
|---|---|---|---|
| Agua | Botella de 1 L llena, bolsa plegable, filtro y pastillas | ~1,5 kg | Máxima |
| Comida | Raciones para 72 h, barritas, frutos secos, sobres de caldo | ~1,2 kg | Máxima |
| Abrigo y ropa | Muda completa, capa base, forro, chubasquero, gorro, guantes, calcetines | ~1,2 kg | Alta |
| Refugio | Lona, saco o manta de vivac, esterilla, mantas térmicas, cordino | ~2,3 kg | Alta |
| Fuego y cocina | Mecheros, cerillas impermeables, yesca, hornillo pequeño y taza metálica | ~0,5 kg | Media |
| Botiquín | Curas, material de heridas, medicación personal, protección solar | ~0,7 kg | Máxima |
| Iluminación y energía | Frontal, linterna de respaldo, pilas, batería externa, cables | ~0,7 kg | Alta |
| Herramientas | Multiherramienta, cinta americana, bridas, silbato, mosquetones | ~0,6 kg | Alta |
| Comunicación y navegación | Radio de pilas o dinamo, mapa en papel, brújula, bolígrafo y libreta | ~0,5 kg | Media |
| Higiene | Jabón, cepillo, toallitas, papel, toalla microfibra, bolsas | ~0,4 kg | Media |
| Documentos y dinero | Copias en bolsa estanca, USB, efectivo en billetes pequeños | ~0,2 kg | Máxima |
| Total con mochila incluida | ~10-11 kg |
Fíjate en algo: los dos bloques marcados con prioridad máxima que menos pesan —documentos y botiquín— son los primeros que la gente descarta cuando la mochila se le va de peso, y son los que menos margen dan. Recorta antes de la lona, del hornillo o de la tercera camiseta.
El peso: la mochila que no puedes cargar no sirve
Este apartado es el que separa una mochila real de una lista de internet. Puedes tener el mejor material del mercado y quedarte parado a los veinte minutos porque no puedes con ello.
Cuánto es demasiado
La referencia que se maneja habitualmente en senderismo y en preparación doméstica es no pasar del 15-20 % del peso corporal para una carga que vas a llevar horas. Para alguien de 70 kg eso son entre 10 y 14 kg; para alguien de 55 kg, entre 8 y 11. Es un rango orientativo, no una ley: la forma física, la edad, la espalda, el calzado y el terreno pesan tanto como el número. Si tienes cualquier problema de espalda, rodillas o cadera, consulta con un profesional antes de dar por bueno un peso.
Si no eres capaz de caminar tres horas seguidas con la mochila puesta, no tienes una mochila de evacuación: tienes una caja con asas que has decidido llamar mochila.
Cómo se coloca el peso dentro
La colocación cambia la sensación de peso más de lo que parece. La regla general es acercar lo pesado a la espalda y a la altura de los omóplatos:
- Fondo: lo voluminoso y ligero que no vas a necesitar hasta parar —saco de dormir, ropa de repuesto—.
- Zona central pegada a la espalda: lo más pesado —agua, comida, herramientas—. Si el peso se va hacia atrás, tiras hacia atrás y te cansas el doble.
- Parte alta: lo de acceso frecuente pero no urgente: botiquín, higiene, hornillo.
- Bolsillos exteriores y de cadera: lo que quieres sin quitarte la mochila: botella, frontal, silbato, snack, gorro, mapa.
- Tapa superior: chubasquero y funda de lluvia, que es justo lo que quieres sacar sin abrir nada más.
Añade una regla de organización: que todo lo que sea vital vaya en el mismo sitio siempre. En la oscuridad, con prisa o con nervios, saber que el frontal está en el bolsillo derecho de la cadera vale más que cualquier optimización de peso.
La prueba que casi nadie hace
Una vez al año, coge la mochila un domingo y camina con ella. Diez kilómetros por terreno normal te dan toda la información: qué roza, qué falta, qué sobra, qué no sabías usar y qué se ha roto sin que lo supieras. Volverás con una lista de cambios más útil que la de cualquier guía, incluida esta.
Variantes: por clima, por entorno y por persona
No existe una mochila estándar, porque no existe una emergencia estándar. Ajusta el contenido a tres variables.
Por clima y estación
| Contexto | Refuerza | Puedes aligerar | Riesgo dominante |
|---|---|---|---|
| Clima frío o montaña | Capa térmica, saco más cálido, gorro y guantes, calcetines extra, calorías grasas | Protección solar, capacidad de agua a transportar | Hipotermia y ropa mojada |
| Clima mediterráneo, otoño | Impermeable de verdad, bolsas estancas, calzado que aguante mojado | Aislamiento térmico extremo | Lluvia intensa y agua contaminada |
| Verano e interior peninsular | Capacidad de agua, sales, gorra, protección solar, ropa clara | Capa intermedia gruesa | Golpe de calor y deshidratación |
| Zona de riesgo de incendio | Mascarilla de partículas, gafas, ropa que cubra, calzado cerrado, linterna | Material de acampada largo | Humo y salida rápida en coche |
| Zona costera e inundable | Todo en bolsas estancas, calzado que se pueda secar, silbato, chaleco reflectante | Peso total, para poder moverte deprisa | Agua contaminada y cortes de acceso |
Urbano frente a rural
En ciudad la evacuación suele ser corta, hacia un centro habilitado, entre mucha gente y con posibilidad de encontrar enchufes, agua y ayuda. Lo que gana peso ahí es la autonomía personal en un espacio compartido: esterilla, tapones para los oídos, antifaz, cargador, higiene, algo de intimidad y control sobre tus cosas. También conviene calzado cómodo para caminar por asfalto, porque puedes acabar haciendo varios kilómetros.
En entorno rural o disperso las distancias son mayores, la ayuda tarda más y es más probable que tengas que pasar tiempo a la intemperie o moverte por pistas. Ahí ganan peso el refugio, la capacidad de conseguir agua, la navegación en papel y la iluminación potente. Y el coche entra en la ecuación: si vives en zona aislada, tiene sentido complementar la mochila con un kit de emergencia en el coche.
Por persona: niños, mayores y mascotas
Una familia no necesita una mochila enorme, necesita una mochila por persona adaptada a esa persona, con lo compartido repartido entre los adultos.
- Niños pequeños. Su mochila la cargas tú. Lo que ocupa sitio es lo suyo: pañales, toallitas, biberones, leche, cambio de ropa completo, ropa de abrigo y su medicación. Añade dos cosas que valen su peso en oro: un juguete o peluche conocido y algo de comida que ya les guste. Un niño tranquilo cambia por completo cómo va la noche.
- Niños más mayores. Que lleven su propia mochila pequeña con agua, un snack, su frontal, su chubasquero y una tarjeta plastificada con su nombre, el teléfono de los padres y el punto de encuentro. Repasa con ellos qué hacer si se separan, con calma y sin dramatizar.
- Personas mayores o con movilidad reducida. Menos peso, más medicación, gafas de repuesto, audífonos y sus pilas, una copia clara del tratamiento, y prever que caminar mucho puede no ser una opción. Si hay dependencia de un aparato eléctrico, eso condiciona todo el plan y hay que hablarlo antes con quien corresponda.
- Mascotas. Transportín o correa y arnés, agua y comedero plegable, su comida para tres días, su cartilla veterinaria con el número de microchip, una manta y bolsas. Comprueba también qué centros de acogida admiten animales en tu municipio, porque no todos lo hacen y es mejor saberlo antes.
Revisión periódica y rotación de caducidades
Una mochila de evacuación es material vivo. Si no la revisas, se degrada sola: se agotan las pilas, caduca la comida, se estropea el filtro, los niños cambian de talla y el medicamento que tomabas ya no es el mismo. Un calendario sencillo basta:
| Cada cuánto | Qué revisas | Tiempo aproximado |
|---|---|---|
| Cada 3 meses | Batería externa (recargar), pilas, agua embotellada, que la mochila siga donde debe | 10 minutos |
| Cada 6 meses | Comida y rotación de frutos secos y barritas, medicación, ropa de repuesto según talla y estación | 30 minutos |
| Una vez al año | Vaciado completo, revisión de todo el material, filtro, botiquín, copias de documentos actualizadas, salida a pie con la mochila cargada | Media jornada |
| Cuando cambie algo | Nacimiento, mudanza, nuevo tratamiento médico, mascota nueva, cambio de coche | Lo que haga falta |
Un truco que funciona: engancha la revisión a algo que ya haces. El cambio de hora, el cambio de armario o la revisión del coche sirven de recordatorio y ahorran tener que acordarse. Y aprovecha la rotación: lo que sacas por proximidad de caducidad se come, no se tira.
Dónde guardar la mochila
Junto a la puerta, en el armario de la entrada o en el primer sitio que pillas al salir. Al fondo del trastero no vale, porque el día que la necesitas es exactamente el día que no tienes tiempo de buscarla. Si hay varias personas, que todas sepan dónde está y puedan cogerla, incluidos los adolescentes. Y si tu escenario probable es una evacuación en coche, tiene sentido tener una mochila más pequeña permanentemente en el maletero.
Errores comunes al preparar la mochila
- Pasarse de peso. El error número uno, con diferencia. Nace de meter cosas «por si acaso» sin quitar nada nunca.
- No probarla. Material sin estrenar, con precintos, que no sabes montar ni encender. La primera vez que uses el hornillo no puede ser de noche y con frío.
- Olvidar la rotación. Comida caducada, pilas gastadas y batería a cero son el estado natural de una mochila que lleva dos años quieta.
- Un solo método para el agua. Un filtro sin respaldo es un punto único de fallo en el recurso más importante.
- Copiar una lista extranjera. Muchos contenidos sobre bug out bags vienen de contextos con normativa, clima y riesgos distintos. Adáptalo a tu comunidad autónoma y a tu municipio.
- Comprar antes de pensar. Se puede montar una mochila muy decente con cosas que ya tienes en casa. Empieza por vaciar cajones y compra solo lo que falte.
- Olvidar documentos y efectivo. Pesan gramos y son lo que te permite acreditarte, cobrar un seguro y pagar cuando no hay datáfono.
- No hablarlo en casa. Una mochila que solo conoce una persona no es un plan familiar.
- Material que no sabes usar. Especialmente en el botiquín. Formación primero, compra después.
- Calzado. Se olvida siempre. Unas botas o zapatillas cómodas y ya domadas junto a la mochila valen más que la mitad del contenido.
Presupuesto, compras y tus derechos como comprador
No hay una cifra correcta. Se puede montar una mochila que cumple con material doméstico y unas pocas compras concretas, y se puede gastar mucho más en equipo ligero de montaña. Lo que sí hay es un orden de prioridad de gasto que evita gastar mal:
- La mochila y el calzado. Es donde el dinero se nota más, porque determinan si puedes moverte.
- Agua: filtro y pastillas. Poco dinero, mucho retorno.
- Abrigo e impermeable. Aquí la calidad se traduce directamente en no pasar frío.
- Iluminación y energía. Una frontal decente y una batería externa fiable.
- Botiquín y formación. El curso antes que el material caro.
- Refugio y accesorios. Lo último, y donde más se puede improvisar.
Evita dos trampas frecuentes. La primera, el kit cerrado muy barato que trae cuarenta piezas diminutas de las que usarás tres: casi siempre sale mejor comprar suelto lo que de verdad vas a usar. La segunda, el material «táctico» caro comprado por estética. Ninguna de las dos mejora tu situación si tienes que caminar cinco kilómetros de noche. En kits de supervivencia puedes ver qué trae cada formato antes de decidir.
Qué te ampara si compras por internet
Al comprar a distancia en España tienes 14 días naturales para desistir de la compra sin tener que dar explicaciones, contados desde que recibes el producto, con derecho a comprobarlo como lo harías en una tienda física. Y la garantía legal de conformidad es de tres años desde la entrega para los productos comprados a partir del 1 de enero de 2022, según el Real Decreto-ley 7/2021. Si un vendedor te dice que la garantía es de dos años, o que no admite devoluciones de un artículo sin abrir, está aplicando mal la norma.
Guarda las facturas: el mismo sitio donde tienes las copias de los documentos es un buen lugar para la del material más caro.
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Preguntas Frecuentes
Es una mochila de evacuación: una mochila cerrada y siempre lista con lo necesario para cubrir tus necesidades básicas durante unas 72 horas fuera de casa. Lleva agua y forma de potabilizar más, comida sin cocinar, abrigo y refugio, iluminación y energía, botiquín, copias de documentos, algo de efectivo y una radio. No es equipo militar ni sirve para vivir en el monte: es logística doméstica para poder salir deprisa y estar razonablemente cómodo mientras se organiza la respuesta.
Las 72 horas son una convención de planificación que usan protecciones civiles y organizaciones de emergencia porque encaja con el tiempo que suele tardar un dispositivo de respuesta en desplegarse del todo. Es un objetivo de autonomía, no una promesa. Preparar para una semana implica un peso que la mayoría de la gente no puede cargar, así que la reserva larga se guarda en casa y la mochila se queda en tres días.
La referencia habitual es no pasar del 15-20 % de tu peso corporal para una carga que vas a llevar horas: entre 10 y 14 kg para alguien de 70 kg. Es un rango orientativo que depende de tu forma física, tu edad y el terreno. La prueba definitiva no es la báscula sino caminar: si no aguantas tres horas seguidas con ella puesta, pesa demasiado. Si tienes problemas de espalda o rodillas, consúltalo con un profesional.
Como referencia se manejan dos o tres litros por persona y día contando bebida e higiene mínima, lo que para tres días serían seis a nueve kilos solo de agua: no es transportable. La solución práctica es llevar uno o dos litros listos para beber y, sobre todo, capacidad de conseguir más: un filtro, pastillas potabilizadoras y una bolsa plegable donde recoger y transportar lo que te den en un punto de reparto.
No, y confundirlo es peligroso. Un filtro de fibra hueca retiene bacterias y protozoos, pero no elimina virus de forma fiable. Las pastillas de cloro sí actúan sobre virus y bacterias, aunque pierden eficacia en agua fría o turbia y los quistes de Cryptosporidium les resisten. La ebullición cubre los tres tipos de microorganismo. Ninguno de los tres elimina contaminación química, metales pesados ni sal: si el agua viene de una inundación o de un posible vertido industrial, no la bebas aunque la trates.
Una de 40 a 65 litros, con cinturón lumbar acolchado, espalda de la talla adecuada, tejido resistente y funda de lluvia. El cinturón lumbar es lo que más se nota cuando la carga pasa de diez kilos. Colores discretos, mejor de aspecto senderista que táctico, y pruébala cargada antes de darla por buena. Una mochila de montaña que ya tengas en casa suele ser mejor punto de partida que una compra improvisada.
Junto a la puerta de casa o en el armario de la entrada, accesible sin mover nada. Al fondo del trastero no sirve, porque el día que la necesitas no vas a tener tiempo de buscarla. Que todas las personas de la casa sepan dónde está. Si vives en zona aislada o tu escenario probable es salir en coche, tiene sentido tener además una versión reducida permanentemente en el maletero.
Cada tres meses, un repaso rápido de pilas, batería externa y agua. Cada seis meses, rotación de comida y revisión de medicación y ropa según talla y estación. Una vez al año, vaciado completo, revisión de todo el material y una salida a pie con la mochila cargada. Y siempre que cambie algo en casa: un nacimiento, una mudanza, un tratamiento médico nuevo o una mascota.
La normativa española de armas establece límites sobre determinadas hojas y sobre llevarlas encima sin una causa justificada, y las ordenanzas municipales pueden añadir restricciones propias. No es lo mismo transportar una herramienta guardada dentro de una mochila para una actividad concreta que llevarla al alcance de la mano por la vía pública. Infórmate de la normativa vigente antes de comprar y de moverla. Para casi todo lo que necesitarás —abrir un paquete, cortar una cuerda, apretar un tornillo— una multiherramienta con hoja plegable corta sobra.
No podemos decírtelo, y desconfía de cualquier guía que te dé una lista cerrada de fármacos: qué te conviene tener depende de tu historial, tus alergias, tu edad y lo que ya tomas. Lo que sí es seguro es que tu medicación habitual tiene que estar, en su envase original y con cantidad para varios días, junto a una copia de tu hoja de tratamiento. Para todo lo demás, pregunta a tu farmacéutico o a tu médico. Y el material de trauma —torniquetes, gasas hemostáticas— exige formación: haz primero un curso de primeros auxilios.
Sí, adaptada a cada persona, con lo compartido repartido entre los adultos. La de un niño pequeño la cargas tú y contiene lo suyo: pañales, leche, ropa, su medicación y algo conocido que le tranquilice. Los niños mayores pueden llevar una mochila pequeña con agua, un snack, su frontal y una tarjeta con el teléfono de los padres y el punto de encuentro. Para personas mayores o con movilidad reducida, menos peso, más medicación y prever que caminar mucho puede no ser una opción.
Transportín o correa y arnés, agua y comedero plegable, su comida para tres días, la cartilla veterinaria con el número de microchip, una manta y bolsas para residuos. Un detalle que conviene comprobar antes: no todos los centros de acogida admiten animales, así que pregunta en tu ayuntamiento cuál es el protocolo en tu municipio y tenlo previsto en el plan familiar.
En que uno se carga y el otro no. La reserva doméstica puede tener agua embotellada, conservas, linternas y radio en cantidad, porque no tienes que moverla: cubre el escenario de quedarte en casa sin suministros. La mochila es la versión portátil y reducida para el escenario de tener que salir. Lo razonable es tener las dos y que se complementen, revisándolas a la vez.
No hay una cifra correcta y desconfía de quien te la dé: depende por completo de qué tengas ya en casa y de la calidad que elijas. Lo útil es el orden de gasto: primero mochila y calzado, después filtro y pastillas de agua, después abrigo e impermeable, luego iluminación y energía, después botiquín y formación, y por último refugio y accesorios. Vaciar cajones antes de comprar suele cubrir la mitad de la lista sin gastar nada.
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